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Adiós a la vejez del cerebro

Atrévete a explorar el mundo del movimiento. No importa si eres profesional o si lo haces por hobby; lo importante es que bailes al ritmo de la música para . Con la danza podrás mantener tu cerebro saludable, pues esta actividad es capaz de bombear sangre y de generar glucosa y oxígeno, recursos vitales para su óptimo funcionamiento.

Cuando llegas a una edad entre los 40 y 60 años, el cerebro sufre un deterioro paulatino que conlleva, en algunos casos, la pérdida parcial o total de la memoria. Aunque existen diferentes actividades tales como armar rompecabezas, hacer crucigramas o caminar, varios estudios han revelado que la danza está entre una de las mejores opciones con las cuales el cerebro se regenera y prolonga su vida.

Sobre los estudios científicos que apoyan esta teoría

Una reciente investigación publicada en la revista especializada Frontiers in Aging Neuroscience basada en el estudio realizado por la Universidad de Illinois en los Estados Unidos, revela la importancia de tener un cerebro en movimiento. Un total de 174 personas –con edades que oscilaban entre los 60 y 70 años– con un cerebro en buenas condiciones, fueron divididas en tres grupos. Uno de ellos se dedicó a caminar; otro a realizar entrenamientos de equilibro, y el restante se destinó para bailar tres veces por semana, durante un período de seis meses.

La doctora Agnieszka Z. Burzyńska, neurobióloga a la cabeza de esta investigación y quien desarrolló la tesis materia del estudio, determinó una reducción del envejecimiento cerebral en aquellos individuos que formaban el grupo de bailarines; en tanto que ellos poseían mayor materia o tejidos blancos en el fórnix o trígono –uno de los componentes principales del sistema límbico implicado en la emoción, la motivación y la memoria a largo plazo–.

Beneficios según la edad

La relación cuerpo-cerebro involucra una serie de emociones vitales para el ser humano. El movimiento relaja las tensiones de una persona, en tanto que al bailar esta puede sonreír, gritar, aprender una coreografía, sincronizar pasos e incluso socializar. Estos elementos forman parte de los muchos beneficios asociados a la danza, los que a su vez se suelen categorizar según la edad, como a continuación se detalla.

Infancia. El niño al danzar logra desarrollar la habilidad de ser creativo en su vida diaria. Paralelamente, esto le ayuda a tener una condición física de alto nivel, y a coordinar sus movimientos, gestos y palabras; pero por sobre todo, le permite desarrollar mayor seguridad y confianza para expresar lo que siente ante el público.

Adolescencia. Esta constituye también una etapa en la que la danza contribuye positivamente al fortalecimiento de una vida social activa. Al igual que en la etapa infantil, se ha comprobado que la danza puede proporcionar mayor seguridad al adolescente que la practica.

Tercera edad. Más allá de reducir el deterioro cognitivo, la danza colabora eficazmente a fortalecer los huesos y a mantener activas las articulaciones. De la misma forma, aumenta el ritmo cardíaco, es decir, la capacidad que tiene el cuerpo de recibir oxígeno. El resultado práctico será el poder contar con organismo más saludable, y alejar el posible daño cognitivo que pueda  suscitarse por la longevidad.