hospital
Cómo ayudar a alguien a recuperarse luego de una estadía en el hospital
30 junio, 2025
Cómo los exámenes oculares detectan problemas de salud ocultos
4 julio, 2025
Mostrar todo

Cómo el cáncer secuestra el circuito de motivación del cerebro

cáncer

Una consecuencia cruel del cáncer avanzado es la profunda apatía que muchos pacientes experimentan a medida que pierden interés en actividades que alguna vez apreciaron. Este síntoma es parte de un síndrome llamado caquexia, que afecta a alrededor del 80% de los pacientes con cáncer en etapa avanzada, lo que provoca un desgaste muscular grave y una pérdida de peso que deja a los pacientes con huesos delgados a pesar de una nutrición adecuada.

Esta pérdida de motivación no solo profundiza el sufrimiento de los pacientes, sino que los aísla de sus familiares y amigos. Dado que a los pacientes les cuesta involucrarse en terapias exigentes que requieren esfuerzo y perseverancia, esto también genera tensión en las familias y complica el tratamiento.

Los médicos suelen asumir que cuando los pacientes con cáncer en etapa avanzada se retiran de la vida, esta es una respuesta psicológica inevitable al deterioro físico. Pero ¿qué pasaría si la apatía no fuese solo un subproducto del deterioro físico, sino una parte integral de la enfermedad misma?

En un estudio recientemente divulgado por Adam Kepecs, profesor de Neurociencia y Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis (EE.UU.), se nos informa algo notable: el cáncer no solo destruye el cuerpo, sino que también secuestra un circuito cerebral específico que controla la motivación. Los hallazgos, publicados en la revista Science, desafían décadas de suposiciones y sugieren que podría ser posible restaurar lo que muchos pacientes con cáncer describen como la pérdida más devastadora: la voluntad de vivir.

Desenredar la fatiga del deterioro físico

Para desentrañar el misterio de la apatía en la caquexia por cáncer, necesitábamos rastrear la ruta exacta que sigue la inflamación en el cuerpo y observar el interior de un cerebro vivo mientras la enfermedad progresa, algo imposible en las personas. Sin embargo, los neurocientíficos cuentan con tecnologías avanzadas que lo hacen posible en ratones.

La neurociencia moderna nos proporciona un poderoso arsenal de herramientas para investigar cómo las enfermedades cambian la actividad cerebral en ratones. Los científicos pueden mapear cerebros completos a nivel celular, rastrear la actividad neuronal durante el comportamiento, y activar o desactivar neuronas con precisión. “Utilizamos estas herramientas neurocientíficas en un modelo de ratón con caquexia por cáncer para estudiar los efectos de la enfermedad en el cerebro y la motivación”, señaló Kepecs.

“Identificamos una pequeña región cerebral llamada área postrema, que actúa como detector de inflamación cerebral. A medida que un tumor crece, libera citocinas —moléculas que desencadenan la inflamación— al torrente sanguíneo. El área postrema carece de la barrera hematoencefálica típica que impide el paso de toxinas, patógenos y otras moléculas al organismo, lo que le permite analizar directamente las señales inflamatorias circulantes”, añade.

Cuando el área postrema detecta un aumento de moléculas inflamatorias, desencadena una cascada neuronal en múltiples regiones cerebrales, que en última instancia suprime la liberación de dopamina en el centro de motivación del cerebro: el núcleo accumbens. Aunque comúnmente se malinterpreta como una «sustancia química del placer», la dopamina en realidad se asocia con el impulso o la disposición a esforzarse para obtener recompensas: inclina la balanza interna de costo-beneficio hacia la acción.

“Observamos directamente este cambio mediante dos pruebas cuantitativas diseñadas con principios de economía conductual para medir el esfuerzo. En la primera, los ratones metían repetidamente la nariz en un puerto de comida, requiriendo cada vez más toques para obtener cada bolita de alimento. En la segunda tarea, los ratones cruzaban repetidamente un puente entre dos puertos de agua, cada uno de los cuales se vaciaba gradualmente con el uso, lo que obligaba a los ratones a cambiar de lado para reponer el suministro, de forma similar a recoger bayas hasta vaciar un arbusto”, explica Kepecs.

A medida que el cáncer progresaba, los ratones seguían buscando recompensas fáciles, pero abandonaban rápidamente las tareas que requerían mayor esfuerzo. Mientras tanto, los investigadores observaron cómo los niveles de dopamina disminuían en tiempo real, reflejando con precisión la menor disposición de los ratones a trabajar por recompensas.

Los descubrimientos sugieren que el cáncer no solo desgasta el cerebro en general, sino que envía señales inflamatorias específicas que el cerebro detecta. El cerebro responde entonces reduciendo rápidamente los niveles de dopamina para disminuir la motivación. Esto coincide con lo que describen los pacientes: “Todo se siente demasiado difícil”.

Restaurar la motivación en la enfermedad en etapa avanzada

Quizás lo más emocionante es que se encontraron varias formas de restaurar la motivación en ratones que sufrían de caquexia por cáncer, incluso cuando el cáncer en sí seguía progresando.

En primer lugar, al desactivar genéticamente las neuronas sensibles que detectan la inflamación en el área postrema o al estimular directamente las neuronas para que liberen dopamina, se pudo restablecer la motivación normal en los ratones.

En segundo lugar, se logró descubrir que administrar a ratones un fármaco que bloquea una citocina específica (que funciona de forma similar a los tratamientos para la artritis aprobados por la FDA) también resulta eficaz. Si bien el fármaco no revirtió el desgaste físico, sí restableció la disposición de los ratones a trabajar a cambio de recompensas.

Aunque estos resultados se basan en modelos de ratones, sugieren una firme posibilidad de tratamiento para las personas: apuntar a este circuito específico de inflamación-dopamina podría mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer, incluso cuando la enfermedad sigue siendo incurable.

La frontera entre los síntomas físicos y psicológicos es una línea trazada artificialmente. El cáncer ignora esta división, utilizando la inflamación para controlar los mismos circuitos que impulsan la voluntad del paciente a actuar. Pero los hallazgos sugieren que estos mensajes pueden interceptarse y los circuitos restaurarse.

Repensar la apatía en la enfermedad

“Nuestro descubrimiento tiene implicaciones que van mucho más allá del cáncer. La molécula inflamatoria que provoca la pérdida de motivación en el cáncer también está implicada en muchas otras afecciones, desde trastornos autoinmunes como la artritis reumatoide hasta infecciones crónicas y depresión. Este mismo circuito cerebral podría explicar la apatía debilitante que experimentan millones de personas que padecen diversas enfermedades crónicas”, afirma Kepecs.

La apatía provocada por la inflamación podría haber evolucionado originalmente como un mecanismo de protección. Cuando los primeros humanos se enfrentaban a infecciones agudas, reducir la motivación tenía sentido: conservaba energía y dirigía recursos hacia la recuperación. Pero lo que antes ayudaba a las personas a sobrevivir a enfermedades a corto plazo, se vuelve perjudicial cuando la inflamación persiste crónicamente, como ocurre en el cáncer y otras enfermedades. En lugar de favorecer a la supervivencia, la apatía prolongada profundiza el sufrimiento, empeorando la salud y la calidad de vida del paciente.

“Si bien traducir estos hallazgos en terapias para personas requiere más investigación, nuestro descubrimiento revela un objetivo de tratamiento prometedor”, comentó Kepecs. Al interceptar señales inflamatorias o modular circuitos cerebrales, los investigadores podrían restaurar el impulso del paciente. Para los pacientes y sus familias que ven cómo se desvanece la motivación, esta posibilidad ofrece algo poderoso: la esperanza de que, incluso a medida que la enfermedad progresa, ellos puedan recuperar su esencia.

Fuente: un artículo de Adam Kepecs publicado en portal theconversation.com

 

Gamma Knife Center Ecuador (GKCE) pone a disposición de toda la comunidad médica de nuestro país la revolucionaria terapéutica de Gamma Knife Icon®, el equipo de radiocirugía de mayor precisión existente en nuestro medio para el eficaz tratamiento de lesiones y tumores cerebrales, cuyo innovador procedimiento no emplea bisturí ni exige hospitalización, lo cual descarta el uso de anestesia en los adultos y elimina todos los riesgos asociados a la cirugía convencional.

Consúltenos y adhiérase a la saludable experiencia de cientos de pacientes atendidos exitosamente a través de un método preciso, efectivo y seguro, disponible al alcance de todos.

Para servirlo mejor, estamos acreditados ante la Red Pública Integral de Salud (IESS, ISSFA, ISSPOL, MSP) y las principales aseguradoras privadas.

Reserve hoy mismo su cita y obtenga una segunda opinión. Somos GKCE: tecnología de punta al servicio de una óptima calidad de vida.