
Los humanos adoramos las etiquetas. Es nuestra forma de comprendernos mejor a nosotros mismos y a los demás. Encasillamos a las personas para explicar quiénes son y cómo son.
Signos del zodíaco. Pruebas de personalidad. Cerebro derecho/cerebro izquierdo. Todas estas categorías las usamos como abreviaturas para identificar lo que nos hace ser “de cierta manera”.
A los artistas se les suele considerar personas con predominancia del hemisferio derecho del cerebro. A los analíticos, en cambio, se les llama personas con predominancia del hemisferio izquierdo del cerebro.
Pero, ¿por qué? ¿Acaso cada uno de nosotros tiene una parte del cerebro que toma las riendas, mientras que la otra se mantiene por inercia? ¿Explica eso por qué algunos nos guiamos por la imaginación y otros nos sentimos más cómodos solo con los hechos?
En realidad, no, sostiene la psicóloga de la salud Grace Tworek, PsyD. “A menudo, pensamos que las personas con predominancia del hemisferio derecho son más creativas, artísticas o de espíritu libre. Se considera que las personas con predominancia del hemisferio izquierdo son más rígidas, lógicas y detallistas”, apunta la doctora Tworek. “Pero eso no es del todo cierto cuando analizamos la ciencia”.
Nuestro cerebro es un sistema complejo e interconectado que controla gran parte de lo que somos y lo que hacemos. Y todos usamos ambos hemisferios cerebrales a diario.
Entonces, ¿de dónde surge este debate entre el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho? ¿Cuál es la verdadera historia? La doctora Tworek nos lo explica.
Anatomía del cerebro
Decir que nuestro cerebro es complejo es quedarse corto. Al fin y al cabo, es necesario que lo sea: tiene mucho trabajo por hacer.
Su cerebro interpreta la información de cada uno de sus sentidos (vista, olfato, gusto, oído y tacto). Su cerebro le permite pensar, sentir, hablar y moverse. Ayuda a controlar su respiración, el ritmo cardíaco y otras funciones que ocurren de forma tan automática que casi nunca piensa en ellas.
La lista es interminable. Pero simplifiquemos las cosas. Básicamente, el cerebro se puede dividir en tres partes, cada una con su propia función.
El cerebelo y el tronco encefálico son las dos partes del cerebro que controlan las funciones automáticas, como el movimiento muscular, la respiración, la digestión y la deglución.
El cerebro es la tercera parte. Constituye la parte del encéfalo a la que nos referimos cuando decimos que alguien es de hemisferio izquierdo o derecho. Es la parte más grande del cerebro, y es responsable de interpretar la información que recibe de sus sentidos.
El cerebro también regula sus emociones, su razonamiento y su aprendizaje. En otras palabras, es la parte que inicia y gestiona sus pensamientos activos. Es la parte del cerebro que le hace ser quien es.
El cerebro se divide en dos partes: el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho (de ahí la idea de cerebro izquierdo y derecho).
“Es absolutamente cierto que diferentes partes del cerebro son responsables de diferentes funciones”, afirma la doctora Tworek. “Pero la idea de que un hemisferio sea sustancialmente más fuerte que el otro y que esa dominancia desempeñe un papel importante en su personalidad o sus habilidades no ha sido probada en la investigación”.
Todavía se está aprendiendo mucho sobre cómo funciona el cerebro. No obstante, la doctora Tworek nos esclarece lo que sí sabemos sobre nuestros hemisferios izquierdo y derecho.
Hemisferio izquierdo
El hemisferio izquierdo de su cerebro suele ser el centro de las funciones más lógicas y académicas. Curiosamente, el hemisferio izquierdo controla el lado derecho del cuerpo, y el hemisferio derecho controla el lado izquierdo.
En el hemisferio izquierdo es donde la mayoría de nosotros albergamos nuestra capacidad para hacer cosas como:
Hemisferio derecho
El hemisferio derecho es el lado más libre del cerebro. Es el centro de habilidades como:
Cómo trabajan juntos
Los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro no actúan de forma independiente. Están conectados por un haz de fibras que transmiten información de un lado al otro. Esta vía de información se llama cuerpo calloso.
“Los hemisferios izquierdo y derecho realizan funciones diferentes, pero trabajan juntos”, indica la doctora Tworek.
En otras palabras, ambos hemisferios cerebrales se activan constantemente. Y, a menos que haya sufrido un derrame u otra lesión cerebral traumática grave que haya afectado seriamente a un hemisferio, es probable que funcionen a un ritmo más o menos similar.
Eso es lo que los investigadores lograron determinar a partir de los escáneres cerebrales realizados a más de 1.000 personas. Se analizaron 7.000 regiones diferentes del cerebro de cada participante. Descubrieron que, independientemente de la personalidad o las preferencias individuales, todos los individuos utilizaban ambos hemisferios cerebrales por igual.
En resumen, sí, algunas personas son más creativas, mientras que otras son más analíticas. Pero no se debe a que una mitad de su cerebro sea más fuerte o se utilice más que la otra.
Cómo ejercitar su cerebro
Entonces, si su falta de habilidad musical o su dificultad con las matemáticas no se deben a un funcionamiento deficiente de una parte de su cerebro, ¿qué puede hacer para mejorar sus habilidades?
La respuesta, según la doctora Tworek, es simple: práctica.
“A veces, es una cuestión de contexto. La narrativa que nos contamos a nosotros mismos al entrar en una situación es la que puede hacer aflorar estas características diferentes”, señala.
Es decir, las etiquetas que nos ponemos pueden frenarnos. Cuando nos consideramos personas analíticas, evitamos las actividades que requieren creatividad o interpretación artística. Y, del mismo modo, cuando nos vemos como personas artísticas, puede que no dediquemos tiempo a leer o a resolver el crucigrama del domingo.
Es una profecía autocumplida: nos convencemos de que estamos programados para ser de cierta manera. Por eso, no buscamos oportunidades para participar en actividades que creemos que no se ajustan a nuestras habilidades. Y, por lo tanto, no desarrollamos nuevas habilidades porque ni siquiera lo intentamos.
En lugar de usar su “lateralidad” como muleta, perfeccionar nuevas habilidades puede ayudarle a aprovechar el talento del otro lado de su cerebro.
“Por ejemplo, si es más analítico, intente apuntarse a un curso para aprender algo que no haya hecho antes. Quizá algo como pintura o soplado de vidrio”, sugiere la doctora Tworek. “Las clases son geniales porque recibirá instrucción y algunas pautas. Puede ser una muy buena manera para que una personalidad analítica explore, por así decirlo, la otra parte del cerebro”.
Por otro lado, si la estructura y el orden no son sus puntos fuertes, no significa que esté destinado a ser así. Las personas que se destacan por su creatividad pueden ser menos organizadas o menos propensas a cumplir plazos. Sin embargo, la doctora Tworek asegura que usted puede potenciar su capacidad intelectual practicando sus habilidades organizativas.
Coloque notas adhesivas en la pantalla de su computador para ayudarse a llevar un registro y seguimiento de su lista de tareas. O configure temporizadores en su teléfono para que le recuerden cuándo es hora de pasar a la siguiente tarea.
“Algunas personas naturalmente tendrán ciertas habilidades que son un poco más fuertes que otras. Pero nuestros cerebros son músculos. Se pueden fortalecer”, dice. “Cuanto más practique y exponga su cerebro a cosas nuevas, más probabilidades tendrá de adquirir nuevas habilidades en el proceso”.
Así que, ¡adelante! Salga de su zona de confort. Quítese esa etiqueta. Y ejercite ambos hemisferios de su cerebro como necesita.
Fuente: un artículo publicado en el portal health.clevelandclinic.org
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