

En experimentos con voluntarios sanos —sometidos a imágenes de resonancia magnética funcional—, los científicos han encontrado una mayor actividad en dos áreas del cerebro que trabajan juntas, para reaccionar y posiblemente regular el cerebro cuando se «siente» cansado y abandona o continúa realizando un esfuerzo mental.
Los experimentos, diseñados para ayudar a detectar varios aspectos de la fatiga cerebral, pueden proporcionar una manera para que los médicos evalúen y traten mejor a las personas que experimentan un agotamiento mental abrumador, incluidas aquellas con depresión y trastorno de estrés postraumático (TEPT), apuntan los científicos.
Un informe sobre el estudio financiado por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) se publicó en línea el pasado mes de junio en el Journal of Neuroscience, detallando los resultados de 18 mujeres y 10 hombres voluntarios adultos sanos a quienes se les asignaron tareas para ejercitar su memoria.
“Nuestro laboratorio se centra en cómo nuestras mentes generan valor por el esfuerzo”, afirma Vikram Chib, Ph.D., profesor asociado de ingeniería biomédica en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y científico investigador del Instituto Kennedy Krieger.
“Entendemos menos sobre la biología de las tareas cognitivas, incluyendo la memoria y el recuerdo que sobre las tareas físicas, a pesar de que ambas implican mucho esfuerzo”. Anecdóticamente, Chib dice, que los científicos saben que las tareas cognitivas son agotadoras, y relativamente menos sobre por qué y cómo dicha fatiga se desarrolla y se manifiesta en el cerebro.
Los 28 participantes del estudio, con edades comprendidas entre los 21 y los 29 años, recibieron 50 dólares y se les informó que podrían obtener pagos adicionales según su rendimiento y decisiones. Todos los participantes se sometieron a una resonancia magnética basal antes del inicio de los experimentos.
Las pruebas de memoria de trabajo, realizadas durante resonancias magnéticas cerebrales posteriores, consistieron en observar una serie de letras, en secuencia, en una pantalla y recordar la posición de ciertas letras. Cuanto más atrás se encontraba una letra en la serie, más difícil era recordar su posición, lo que aumentaba el esfuerzo cognitivo invertido.
Los participantes recibieron retroalimentación sobre su desempeño después de cada prueba y la oportunidad de recibir pagos crecientes (de 1 a 8 dólares) con ejercicios de recuerdo más difíciles. También se les pidió, antes y después de cada prueba, que autoevaluaran su nivel de fatiga cognitiva.
En general, los resultados de la prueba encontraron una mayor actividad y conectividad en dos áreas del cerebro cuando los participantes reportaron fatiga cognitiva: la ínsula derecha, un área profunda del cerebro que se ha asociado con sentimientos de fatiga, y la corteza prefrontal lateral dorsal, áreas en ambos lados del cerebro que controlan la memoria de trabajo.
Para cada participante, la actividad en ambas ubicaciones del cerebro durante la fatiga cognitiva aumentó en más del doble del nivel de las mediciones iniciales tomadas antes de comenzar las pruebas.
“Nuestro estudio fue diseñado para inducir fatiga cognitiva y ver cómo las decisiones de las personas para esforzarse cambian cuando sienten fatiga, así como identificar los lugares del cerebro donde se toman estas decisiones”, comenta Chib.
En particular, Chib y los miembros de su equipo de investigación, Grace Steward y Vivian Looi, descubrieron que los incentivos financieros deben ser altos para que los participantes ejerzan un mayor esfuerzo cognitivo, lo que sugiere que los incentivos externos impulsan dicho esfuerzo.
«Ese resultado no fue del todo sorprendente, dado que nuestro trabajo anterior encontró la misma necesidad de incentivos para estimular el esfuerzo físico», explicó Chib.
“Es posible que ambas áreas del cerebro colaboren para decidir evitar un mayor esfuerzo cognitivo a menos que se ofrezcan más incentivos. Sin embargo, puede haber una discrepancia entre la percepción de la fatiga cognitiva y lo que el cerebro humano es realmente capaz de hacer”, señaló Chib.
La fatiga está relacionada con muchos trastornos neurológicos, incluido el trastorno de estrés postraumático y la depresión, sostiene Chib.
«Ahora que probablemente hemos identificado algunos de los circuitos neuronales para el esfuerzo cognitivo en personas sanas, necesitamos observar cómo se manifiesta la fatiga en el cerebro de las personas con estas afecciones», agrega.
Chib declara que puede ser posible utilizar medicamentos o terapia cognitiva conductual para combatir la fatiga cognitiva, y el estudio actual que utiliza tareas de decisión y resonancia magnética funcional podría ser un marco para clasificar objetivamente la fatiga cognitiva.
La resonancia magnética funcional (IRMf) utiliza el flujo sanguíneo para medir amplias áreas de actividad en el cerebro; sin embargo, no mide directamente la activación neuronal ni matices más sutiles de la actividad cerebral.
Este estudio se realizó con un escáner de resonancia magnética y con tareas cognitivas muy específicas. Será importante ver cómo estos resultados se generalizan a otros esfuerzos cognitivos y tareas del mundo real, concluyó Chib.
Fuente: un artículo de Vanessa Wasta publicado en el portal neurosciencenews.com
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