

Con la llegada de las festividades de Navidad y Año Nuevo, el foco social en las reuniones familiares, eventos, compartires y la alegría puede convertirse en una carga emocional para muchas personas. Para quienes están lejos de sus seres queridos o atraviesan un proceso de duelo, esta época puede incluso generar malestar.
La psicóloga clínica y especialista en trastornos de la conducta alimentaria, Angelyn Alvarado, en conversación con la Revista Medicina y Salud Pública, abordó cómo las festividades navideñas impactan emocionalmente a las personas.
La experta explicó que el núcleo del problema reside en la activación de sentimientos de ausencia. «Las festividades suelen activar esa sensación de ausencia, por lo que nos puede provocar mucha tristeza, mucha angustia, mucho dolor o mucha ansiedad».
Este impacto, según detalló, se ve amplificado por el contraste entre la experiencia personal y el mandato cultural de festejo. «Debido a la misma situación de que uno tiene las expectativas que las festividades son sinónimo de alegría, celebración o de reunión familiar, esto es exacerbado».
La culpa: una emoción común y cómo gestionarla
En este escenario, es frecuente que surja un sentimiento de culpa por no cumplir con la supuesta «obligación» de estar feliz. Alvarado aclaró que «la culpa está presente cuando no tenemos el conocimiento, no tenemos la conciencia de la situación real».
La clave, según la psicóloga, está en la autovalidación y en buscar apoyo en el entorno cercano. «Debes permitirte sentir, hay que validar eso. Tu red de apoyo, tus familiares, quienes realmente están ahí contigo, van a entender tu situación».
Se trata de normalizar que no siempre es posible sentirse alegre, incluso en fechas señaladas.
Estrategias prácticas para el bienestar diario en épocas navideñas
Ahora bien, ¿qué se puede hacer cuando la soledad o la tristeza son abrumadoras? La especialista recomendó comenzar con acciones pequeñas y significativas que rompan la inercia del malestar.
«Pudiéramos empezar con pequeñas acciones, pequeñas actividades como ver tu película favorita, preparar una comida…». Para los casos de distanciamiento geográfico, la tecnología, usada con intención, puede ser un gran aliado. «Si es un tema de distancia, podemos realizar vídeollamadas, estar en contacto con esa persona en momentos clave, enviar mensajes, etcétera».
Alvarado hizo también una advertencia sobre un factor de estrés moderno: la sobreexposición a las redes sociales, donde la comparación es casi inevitable. «Si las redes son un factor que afecta, conviene limitar las redes en estas situaciones e intentar vivir el momento, disfrutar el día a día a su ritmo sin ningún tipo de comparación». El objetivo, al final del día, es permitirse transitar la experiencia personal sin juzgarla, sino entendiendo y manejándola.
Autocuidado: el arte de conocerse y poner límites saludables
Si hablamos sobre el autocuidado, la psicóloga fue muy directa en aconsejar: no es posible cuidarse sin primero conocerse. «Para tener autocuidado hay que conocerse», afirmó.
Este autoconocimiento es lo que permite establecer límites claros y necesarios, especialmente en reuniones sociales que pueden resultar agobiantes. «Yo diría que el autocuidado empieza con el conocimiento de cuáles son las cosas que yo puedo hacer en estos momentos. Si me tengo que retirar… pues hacerlo. Es parte del autocuidado».
Poner estos límites no es un acto de egoísmo, sino de responsabilidad personal. «Si ya soy un adulto y ya sé cómo me siento, ¿por qué tengo que estar en un ambiente donde no me siento cómodo?«.
Su recomendación es “considerar estos límites sanos”. Cabe pues identificar cuáles son los momentos en los cuales tú necesitas apartarte y darte tu tiempo, de descanso inclusive. Dormir bien, comer bien, no sentir culpa… “La idea es tener un equilibrio, un balance en todas las áreas a nivel de salud”.
¿Cómo ser un verdadero apoyo para quienes no la pasan bien en épocas festivas?
Finalmente, la experta dirigió un consejo crucial a quienes desean apoyar a alguien que está pasando por un momento difícil.
La esencia del apoyo, dijo, radica en la presencia sin condiciones. «Nuestro deber es escuchar sin juzgar, nuestro deber es acompañar, brindar apoyo». Esto significa respetar las decisiones de la otra persona, incluso si deciden no participar en las celebraciones, y abstenerse de dar opiniones no solicitadas.
«Respetas la decisión de la persona, no emites opiniones, y menos aún le dices ‘tú deberías, porque así tú nunca vas a mejorar’. Recuerda que cada quien tiene su tiempo y su ritmo de vivir su situación particular». El acompañamiento silencioso y respetuoso suele ser más valioso que cualquier consejo.
Fuente: un artículo de Katherine Ardila publicado en el portal medicinaysaludpublica.com
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