


Lynda Bush, una bisabuela de Maryland (EE.UU.), pensó que se estaba muriendo después de que los médicos le dijeran que tenía cáncer en etapa 4, y que este se había extendido a sus pulmones y cerebro.
Lo que realmente estaba sucediendo sorprendería a todos, incluido su equipo de atención médica.
Diagnosticada con cáncer de pulmón
Todo comenzó con un dolor de cabeza cegador y momentos de confusión.
«Mi nieta me dijo: ‘Nanny, creo que necesitas ir al hospital'», recuerda Bush. «No sabía a qué se refería. Creo que ya estaba parcialmente inconsciente en ese momento».
El estado de Bush empeoró rápidamente. No podía articular palabras y empezó a hablar con dificultad. En el hospital, las tomografías revelaron una masa en su cerebro.
Los médicos de la sala de emergencias le diagnosticaron cáncer de pulmón metastásico en estadio 4.
«Dijeron también que había hecho metástasis desde sus pulmones hasta su cerebro», relata Amy Walls, la hija de Bush. «Casi podíamos verla desvanecerse en esa cama. Cada día era peor que el anterior».
Los médicos le recetaron esteroides para reducir la hinchazón, pero no había urgencia de operar. Mientras tanto, la familia de Bush presionó para que la transfirieran al MedStar Franklin Square. Esa decisión pudo haberle salvado la vida.
Neurocirujano diagnostica infección
Ahí es donde intervino el neurocirujano Jugal Shah.
«La infección puede tener la misma apariencia que un tumor», señala el doctor Shah. «Pero todo lo que vi me hizo sospechar que se trataba de una infección».
A los pocos días, Bush fue llevada a cirugía. Cuando el doctor Shah le abrió el cráneo, se confirmó su sospecha.
«Tan pronto como abrimos el cerebro, salió pus amarillo», dijo. «Supe de inmediato que mis sospechas eran correctas».
No había ningún tumor ni cáncer. Era en cambio, un absceso cerebral, una infección peligrosa que se había hecho pasar por un cáncer en etapa 4.
¿De dónde vino el absceso?
La señora Bush había tenido problemas con un diente frontal. «Tenía una pieza dental que me estaban arreglando», recordó.
Las pruebas mostraron que la infección fue causada por Streptococcus intermedius, un tipo de bacteria que se encuentra normalmente en la boca. En casos raros, esta puede viajar a través del torrente sanguíneo y alojarse en el cerebro.
«A esto lo llamaríamos absceso cerebral odontogénico», explica el doctor Shah. «Se origina en los dientes». Si no se hubiera tratado, podría haber sido fatal.
Bush pasó dos semanas recuperándose en el hospital y en rehabilitación. Ahora, está de vuelta en casa y de buen ánimo.
«Estoy mucho mejor», admite relajada. «No lo uso bien… casi dije ‘el cochecito’, ¡pero nunca lo usé! Quise decir el andador».
Ella también tiene una nueva fuente de alegría: su bisnieta Margaret. «Es una alegría: la bebé más feliz», sonríe radiante Lynda Bush. Pero el trauma de haber sido diagnosticada erróneamente con una enfermedad terminal aún persiste.
«Probablemente no estaría aquí hoy si no fuese por mi familia», afirma. «Eran como defensores de mi atención y velaron con celo por mi salud».
Su hija Amy, por su parte, sostiene que hablar hizo toda la diferencia en este caso. «Hay que cuestionar las cosas», recalca. «¿Por qué se procede de tal o cual manera? ¿A qué apuntan ciertas decisiones o qué resta por hacer ante una situación crítica? Es muy importante estar ahí para tu familiar brindándole total apoyo y compañía».
Fuente: un artículo de Nicky Zizaza publicado en el portal www.cbsnews.com
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