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¿Qué es la neuroinflamación?
5 agosto, 2026
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Las personas que consumen alcohol tienen más bacterias bucales nocivas

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Las personas que consumen mayores cantidades de alcohol albergan alrededor de 10 tipos más de bacterias bucales que los no bebedores, según una nueva investigación, y algunas de esas especies adicionales están relacionadas con enfermedades de las encías.

Estos hallazgos, presentados recientemente en el congreso Nutrition 2026, sugieren que los hábitos de consumo de alcohol podrían desempeñar un papel más importante de lo que se pensaba en la salud bucal, y en los posibles riesgos para la salud a largo plazo.

La boca es un ecosistema vivo compuesto por cientos de especies de bacterias que interactúan constantemente entre sí y con el sistema inmunitario, expuso a la redacción de The Epoch Times Arthur Glosman, dentista estético de Beverly Hills (California) quien no participó en el estudio.

“La salud no viene determinada por la presencia o ausencia de un único organismo”, señaló Glosman. “Depende del equilibrio”.

El alcohol favorece a la proliferación de bacterias relacionadas con la enfermedad de las encías

Los investigadores utilizaron cuestionarios para hacer un seguimiento de los hábitos de consumo de bebidas de los participantes y tomaron muestras de su microbioma bucal mediante enjuagues. Posteriormente, dichas muestras se analizaron a través de secuenciación genética.

En comparación con el consumo de té, café y bebidas azucaradas, el consumo de alcohol fue la única categoría asociada a cambios generales en la variedad y composición de las bacterias bucales. Por ejemplo, las personas del grupo con mayor consumo de alcohol presentaban alrededor de 10 tipos más de bacterias en comparación con quienes no consumían alcohol.

Las personas que consumían alcohol en grandes cantidades tenían más probabilidades de albergar Megasphaera y Peptostreptococcus —dos tipos de bacterias asociadas a la enfermedad de las encías— y menos probabilidades de tener Lautropia, una bacteria que suele encontrarse en bocas sanas pero que tiende a disminuir en personas con problemas dentales.

Si bien un aumento de ciertas especies bacterianas puede indicar un mayor riesgo de desarrollar enfermedad de las encías, “es importante considerar este riesgo en relación con otros factores”, declaró Steve Mascarin, dentista de Halton Village Dental en Toronto, quien no participó en el estudio. Entre estos factores se incluyen la mala higiene bucal, el tabaquismo, la diabetes, otras enfermedades periodontales y la atención dental insuficiente.

Mascarin subrayó que la enfermedad de las encías se desarrolla como respuesta a la inflamación y se debe “a una comunidad de bacterias, más que a patógenos bacterianos aislados”.

Ambereen Fatima, dentista de Marlborough (Massachusetts) quien no participó en el estudio, explicó a The Epoch Times que el Peptostreptococcus es un microorganismo bien conocido en el ámbito de la odontología. Aparece en bolsas periodontales profundas y en dientes infectados, y lleva décadas vinculado a la enfermedad de las encías. En cuanto a la Megasphaera, señaló que se trata de un nombre más reciente y menos estudiado que “apunta a un vecindario que ya sabemos que es conflictivo, en lugar de señalar a un nuevo culpable”.

El consumo de alcohol altera el entorno bucal al provocar deshidratación, aumentar la acidez, favorecer la proliferación de bacterias nocivas y debilitar las defensas naturales de la boca.

Fatima señaló que un hábito al que presta especial atención es el consumo de alcohol antes de acostarse, ya que este reseca la boca, mientras que la saliva actúa como una defensa natural que ayuda a enjuagar la cavidad bucal y a neutralizar los ácidos.

“El vino y la mayoría de las bebidas que se mezclan con alcohol son ácidos y, además, contienen azúcar”, comentó Fatima. “Cuando observo signos de erosión y sequedad bucal persistente, a menudo encuentro en el historial del paciente el hábito de tomar una o dos copas por la noche, antes de dormir”.

La salud bucal depende de múltiples factores

Mascarin añadió que la enfermedad de las encías surge de un desequilibrio más amplio en la comunidad bacteriana de la boca, y no de un único microorganismo; asimismo, señaló que factores como una higiene bucal deficiente, el tabaquismo y la diabetes siguen siendo factores de riesgo más consolidados que cualquier bebida en particular.

El estudio muestra una asociación entre el consumo de alcohol y los cambios bacterianos, pero no prueba que el alcohol sea la causa de dichos cambios. Esta distinción es importante, ya que las personas que consumen alcohol en grandes cantidades también tienden a fumar más y a cepillarse los dientes con menos frecuencia, hábitos que afectan la salud bucal de manera independiente.

Si bien el consumo de alcohol explicaba solo una pequeña parte de las diferencias en las comunidades bacterianas, los autores del estudio destacaron que el alcohol era la bebida que más influía en este aspecto. Otras bebidas parecían tener poco o ningún efecto.

Investigaciones previas han hallado posibles beneficios en el consumo de café y té sin azúcar, incluyendo la presencia de compuestos que podrían combatir las bacterias causantes de caries y favorecer un microbioma bucal más diverso.

Glosman advirtió que el equilibrio bacteriano de la boca cambia gradualmente en función de la alimentación, el sueño, la medicación y el estrés. Cuando este equilibrio se altera durante años, puede surgir una inflamación crónica, lo que aumenta el riesgo de padecer enfermedades de las encías y podría afectar la salud en otras partes del organismo.

“La boca es increíblemente dinámica”, aseveró Glosman, añadiendo que cada comida, bebida, noche de sueño, medicamento e incluso nuestros niveles de estrés influyen en este ecosistema.

Las visitas periódicas al dentista, agregó, ayudan a detectar pequeños cambios antes de que se conviertan en problemas mayores, ya que permiten evaluar no solo la presencia de caries, sino también la salud de las encías, la calidad de la saliva y los signos de inflamación.

“Los pacientes no solo conservan sus dientes durante más tiempo, sino que a menudo respiran y funcionan mejor y, en muchos casos, gozan de una mejor salud general”, anotó Glosman. “La boca no está separada del resto del cuerpo: es una de las ventanas más accesibles hacia él”.

La sorprendente conexión entre tu boca y tu cerebro

A menudo pensamos que la salud oral es propicia solo para prevenir caries o lucir una sonrisa perfecta, pero ¿sabías que la salud de tus dientes y encías está estrechamente relacionada con tu salud neurológica?

Partamos de un ejemplo concreto.  El nervio trigémino es el principal nervio sensitivo y motor de la cabeza, el cual está compuesto por tres ramas: la mandibular, la maxilar y la oftálmica, las que están directamente relacionadas a lo que sucede en la boca y en nuestros dientes. Una salud bucal deficiente puede afectar directamente a este nervio, impactando la percepción y la función cerebral.

Patologías bucodentales que pueden dañar el cerebro

El daño a la salud cerebral por efecto de problemas orales es un tema que viene siendo objeto de análisis desde hace ya algún tiempo. La enfermedad periodontal, que ocasiona focos inflamatorios, se ha conectado a un buen número de enfermedades. Esta inflamación crónica, por leve que sea, produce alteraciones que hacen que la barrera hematoencefálica sea más fácil de atravesar, y dado que una de sus funciones es la de proteger al cerebro de elementos potencialmente dañinos, es lógico pensar que una de sus consecuencias pueda ser una mayor probabilidad de accidente cerebrovascular (ACV).

Otras asociaciones entre salud bucodental y cerebral no son tan claras, pero ello no impide que algunos datos sugieran su existencia. Por ejemplo, se ha comprobado que entre las personas que sufren esquizofrenia, o quienes han sufrido un ictus, es más común que se detecten inflamaciones en la boca.

Tampoco hay que olvidar que la boca es un lugar en el que habitan gran cantidad de bacterias, las cuales pueden expandirse desde allí a otras áreas del organismo. Cuando algunas de estas bacterias llegan al cerebro pueden causar problemas tan serios como la meningitis.

De otra parte, están las precauciones para un paciente diagnosticado con meningioma o que presente espasmos epilépticos involuntarios, las cuales incluyen desde una posición de atención odontológica diferente hasta la correcta selección del anestésico y de la sedación necesaria para evitar complicaciones que comprometan al sistema nervioso central. Adicionalmente, se debe evitar el uso de prótesis removibles que durante un episodio epiléptico pueda producir asfixia. También es vital contemplar el uso de materiales que pueden interferir con exámenes importantes como la resonancia magnética (IRM), y en su lugar reemplazarlos con materiales biocompatibles como las coronas libres de metal o de cerámica o porcelana pura, siendo este un detalle de gran importancia para la salud oral a largo plazo.

En otras palabras, cuidar tu boca es un paso crucial para cuidar tu cerebro.

La prevención es la clave: tu mejor estrategia

No esperes a que aparezcan los problemas. Los chequeos dentales regulares son una herramienta poderosa para la detección temprana y la prevención. Al visitar a tu dentista cada cuatro meses, no solo proteges tu sonrisa, sino que también puedes ayudar a prevenir complicaciones graves en tu sistema nervioso central.

Fuente: un artículo de George Citroner publicado en el portal www.theepochtimes.com

 

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