

Un cerebro sano es menos vulnerable para desarrollar enfermedades neurológicas. Las claves para preservar su salud pasan por una alimentación equilibrada, ejercicio físico, descanso e interacción social. Sin embargo, estas medidas tienen un trasfondo más profundo. «El objetivo es ser felices y para ello se debe tener una buena salud cerebral», subraya Jesús Porta-Etessam, jefe de Servicio de Neurología de la Fundación Jiménez de Madrid, quien junto a José Miguel Láinez, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, y presidente de la recién creada Fundación Española de Cefaleas (CEFEC), ha coeditado la obra Mantén joven tu cerebro, en colaboración con Adamed Laboratorios.
Porta-Etessam, presidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN), entidad que ha avalado el citado libro, justifica la necesidad de preservar la salud cerebral en el hecho de que las enfermedades neurólogicas generan grandes problemas no solo en la persona que las padecen sino en todo su entorno. «Para poder ser felices, dentro de lo que podamos, debemos cuidar nuestro cerebro; generar hábitos saludables y divertidos. Estar cognitivamente activos debe adaptarse a nuestros gustos y desarrollo vital porque no hay una regla para todo el mundo, ni tan siquiera para la socialización».
A continuación, y bajo el formato de preguntas y respuestas a los autores, ahondamos en este interesante tema.
¿Por qué cuidar nuestro cerebro?
El cerebro somos nosotros: todo lo que hacemos en la vida, lo que queremos, lo que soñamos, lo que creamos y pensamos lo llevamos a cabo a través de nuestro cerebro. Es verdad que tiene una relación directa con la sociedad porque el cerebro sin el contacto social no tiene ningún sentido. Pero, al final, es “la cajita” en la que guardamos y de la que sacamos todos los tesoros que tiene el ser humano.
Es absolutamente fundamental cuidarlo porque las enfermedades que mayores tasas de discapacidad producen en el mundo son las neurológicas. Por ejemplo, al sufrir un ictus, primera causa de daño cerebral en España con entre 100.000 y 120.000 casos al año, la vida cambia, totalmente, de un día para otro. Pero incluso otras patologías, como la migraña, que no se consideran tan graves, también deben cuidarse y evitarse. Para la OMS, una crisis grave de migraña es tan incapacitante como una tetraplejía mientras el paciente tiene el dolor de cabeza.
En estos momentos hay una corriente mundial que ya no habla de salud mental sino de salud cerebral y que incluye la salud cerebrovascular: la salud cerebral pura y la salud mental, porque todo está en el cerebro. No se trata solo de entender el cerebro como lo que es, y cuidarlo como un elemento dentro del cráneo, sino también teniendo en cuenta la interrelación de los ambientes sociales.
¿Es posible realizar una neuroprotección con hábitos saludables, tal y como se plantea en el ámbito cardiovascular?
Durante mucho tiempo, los neurólogos han tenido la sensación que las medidas cerebrosaludables eran eficaces, un hecho demostrado en los últimos años. Ahora hay evidencia científica de que entre el 80-90% de los ictus pueden prevenirse con unas medidas cerebrosaludables. Y algo muy impactante para la población: podemos reducir entre el 30-40% de las demencias.
¿Cómo son esas estrategias neurosaludables?
Son medidas muy sencillas. Por ejemplo, la dieta mediterránea, en su conjunto, previene la demencia, según demostró un ensayo francés. Muy interesantes son también aspectos referidos a los traumatismos craneales (TC). Muchos estudios han observado que los TC, leves y repetitivos, constituyen un factor de riesgo para desarrollar una demencia especial: la encefalopatía postraumática crónica.
En Gran Bretaña, han prohibido a los menores de 14 años rematar de cabeza el balón. El dato es que en una generación de futbolistas ingleses muy famosa, la de los años ochenta, más del 50% de los jugadores han desarrollado una demencia, además de manera relativamente precoz. En boxeadores es muy habitual la demencia pugilística y el parkinsonismo. Posteriormente se observó que jugadores de fútbol americano desarrollaban demencia precoz, alrededor de los 50-60 años. Actualmente, este tipo de demencia se contempla en jugadores de fútbol, sobre todo en los defensas, que son los que más rematan de cabeza, y en los de hockey sobre patines.
Si la dieta mediterránea puede reducir entre un 80-90% de ictus y un 30-40% de demencias, ¿por qué hay tantas personas de edad con estas patologías?
Aunque hay más casos de Alzheimer, el porcentaje es menor —un 50%— al esperado, según las estimaciones que se hicieron hace 50 años, del número de demencias esperables en nuestro medio. Esto se debe a la dieta mediterránea y a que nos cuidamos más, pero sobre todo, a factores relacionados con la educación. La dimensión socio-económica es un elemento fundamental en las enfermedades neurológicas y la salud cerebral.
Numerosos estudios señalan que los niños que nacen en un ambiente socio-económico bajo tienen tres veces más posibilidades de demencia que aquellos que nacen en un entorno socio-económico normal. Incluyo aquí otro factor, muy importante también: si una persona carece de la posibilidad de tener una escolarización y estudios académicos adecuados, su riesgo de desarrollar una demencia es un 400% mayor que la de quien ha nacido dentro de un nivel socio-económico normal y ha recibido estudios. Esto no es política, es ciencia.
¿Cuál es el sustrato de este fenómeno?
Se ha observado que el desarrollo cognitivo y la reserva neuronal constituyen factores protectores o, por lo menos, que ralentizan la aparición de la demencia. Cuando hablamos de prevenir, nos estamos refiriendo a enlentecer la aparición. Por ello, fomentar la educación es un punto esencial. El problema es que las políticas que tienen resultados inmediatos son muy bien acogidas, pero las preventivas, con resultados a largo plazo, no resultan interesantes.
En la obra Mantén joven tu cerebro, ustedes también aluden a que dormir adecuadamente es imprescindible para la salud cerebral
Es absolutamente fundamental. El sueño tiene muchas funciones: consolidar la memoria, regular los factores de riesgo cerebro y cardiovascular, entre otros. Pero, hay otro aspecto muy interesante descubierto recientemente por una investigadora: el cerebro tiene un sistema, el glinfático, que se dedica a limpiar las proteínas de desecho de las neuronas y que funciona cuando dormimos. Esto significa que, si duermo mal, hay menor limpieza de estas proteínas de desecho y aumenta el riesgo de enfermedad neurodegenerativa.
El ejercicio físico, ¿de qué manera específica contribuye?
Como dormir, el ejercicio físico resulta también fundamental y dispone de toda la evidencia científica, reforzada en los últimos años por nuevos datos. Durante mucho tiempo, hemos considerado que es beneficioso, y así se demostró con el ejercicio aeróbico, sobre todo el relacionado con la resistencia. Como factor preventivo, no solo de las demencias y de las enfermedades neurodegenerativas sino también de mejora de factores de riesgo cerebrovascular e incluso de la migraña episódica. Pero, últimamente, se ha observado que el ejercicio anaeróbico, aquel que requiere más esfuerzo muscular, también es eficaz. Ahora recomendamos una combinación de ambos. En ancianos frágiles con patologías neurológicas, como Parkinson, por ejemplo, es muy útil.
No olvidemos la interacción social
Solo el lóbulo frontal del cerebro “mira” hacia adentro y nos sirve para reflexionar, por ejemplo. Los otros dos tercios del cerebro “miran” hacia afuera. Esto significa que somos elementos sociales desde que nacemos. Los homínidos (primates), por ejemplo, al nacer se ponen a andar, a mamar naturalmente. En el ser humano no pasa esto. Como dijo Desmond Morris, al nacer, somos “simios fetalizados”: si te dejan solo, mueres; necesitas ayuda.
La explicación más plausible es que el desarrollo extraútero que va a tener el cerebro —prácticamente desde que nacemos y hasta casi los 18 años que termina de desarrollarse el lóbulo frontal— se realiza en un ambiente, y el cerebro se va a desarrollar en función de este. Hay etapas del neurodesarrollo esenciales, según señaló Noam Chomsky, como la adquisición del lenguaje entre los dos y los cinco años; ese “simio fetalizado” en el ambiente hace que se desarrolle el cerebro, y es bien sabido que el ser humano es social por naturaleza. Por ello, la interacción social es un factor clave en la prevención del deterioro cognitivo.
Fuente: una entrevista de Raquel Serrano publicada en el portal www.diariomedico.com
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