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Mejorar el reconocimiento temprano y la atención multidisciplinaria de los tumores cerebrales optimiza resultados en los pacientes

los tumores cerebrales

Si bien los tumores cerebrales representan un subconjunto relativamente raro de cánceres, aumentar la concienciación entre los médicos es esencial para mejorar el reconocimiento temprano, el diagnóstico y la atención multidisciplinaria, asegura el doctor Ryan Merrell.

“Los tumores cerebrales son poco frecuentes en la población general. Sin embargo, muchos pacientes los padecen, y en regiones geográficas más extensas o cerca de grandes ciudades con mayor población, habrá más pacientes afectados cada año”, declaró Merrell en una entrevista con OncLive®.

En la entrevista, Merrell detalló los pasos clave para llegar a un diagnóstico de cáncer cerebral, destacó los diversos subtipos benignos y malignos que pertenecen a esta familia de tumores, y detalló las investigaciones en curso que podrían ayudar a aportar nuevas terapias al campo del glioma.

Merrell es profesor asociado de neurología y jefe de la División de Neurooncología del Centro Oncológico Vanderbilt-Ingram y del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee.

Reproducimos aquí algunas de las preguntas formuladas por OncLive® y las iluminadoras respuestas del especialista, que buscan reforzar nuestro conocimiento en el ámbito de la prevención.

¿Por qué es importante crear conciencia sobre el cáncer cerebral entre los médicos y qué papel juegan las campañas de concienciación a la hora de resaltar su relevancia clínica y prevalencia?

Es importante reconocer los diferentes tipos de tumores cerebrales. Vemos los que son benignos —que representan un número significativo—, y luego están también los tipos malignos. Algunas personas simplemente no son conscientes de estos tumores en absoluto. Se ha dado bastante cobertura mediática sobre los tumores cerebrales, basada en celebridades o personas conocidas de la población que han sido diagnosticadas. No obstante, si conoces personalmente a alguien con un tumor cerebral, sueles desarrollar una conexión enorme con la gente de la comunidad a través de una amplia red de pacientes y cuidadores.

Cuando un paciente presenta síntomas que pueden hacer sospechar una posible masa en el sistema nervioso central (SNC), ¿cuál es el protocolo de imágenes inicial recomendado o el estudio de diagnóstico que debe considerar un médico de atención primaria?

Un buen punto de partida sería una tomografía computarizada de la cabeza, ya que normalmente estas suelen estar fácilmente disponibles, dependiendo de la institución. La resonancia magnética del cerebro será una prueba más sensible y de mayor resolución. La mayoría de los pacientes con un tumor cerebral finalmente se someterán a una resonancia magnética. La modalidad de prueba depende de la disponibilidad; si está en un centro que puede realizar una resonancia magnética el mismo día, entonces yo simplemente optaría por eso. Si una resonancia magnética no está disponible de inmediato, una tomografía computarizada es una buena prueba de detección que le dirá mucho sobre si alguien tiene un tumor.

Dada la diversidad de tumores cerebrales, ¿cómo se aborda habitualmente la caracterización y clasificación de estos distintos subtipos?

Un enfoque consiste en dividir los tumores en benignos y malignos. Es importante saber que en neurooncología atendemos a un gran número de pacientes con tumores cerebrales benignos. El principal tumor cerebral benigno se denomina meningioma. Como su nombre indica, se trata de un tumor localizado en la superficie del cerebro; estos son bastante comunes en la población. Muchas veces, a los pacientes se les descubre un meningioma de manera incidental; por ejemplo, se someten a una resonancia magnética por una razón y resulta que hay un meningioma pequeño. Sin embargo, los meningiomas también pueden ser grandes y, si causan presión en el cerebro, pueden requerir intervención, como una resección quirúrgica. Los meningiomas representan una porción importante de lo que observamos en los tumores cerebrales.

En cuanto a la malignidad, existe un amplio espectro de tumores. Hay tres categorías que resulta fundamental conocer. Una se llama gliomas, y es donde la neurooncología probablemente es más reconocida, ya que la gente suele asociarnos con ellos. Los gliomas pueden ser muy agresivos, como el glioblastoma; los gliomas de menor grado también son bastante comunes en nuestra práctica.

La segunda categoría serían los tumores cerebrales metastásicos. Estos tumores se originan en otras partes del cuerpo y se diseminan al cerebro. Los tres cánceres más comunes en esta categoría son el de pulmón, el de mama y el melanoma. Estamos involucrados en esta área, que a su vez podría ser el área multidisciplinaria más grande de la neurooncología. Los pacientes con tumores cerebrales metastásicos suelen contar con un oncólogo médico de cabecera, un oncólogo radioterapeuta y, en ocasiones, un neurocirujano. Un neurooncólogo como yo participaría en su atención directa si el tumor se propaga al cerebro.

La tercera categoría de tumores cerebrales malignos es la más rara: el linfoma del SNC. Si bien es poco común, en el Centro Oncológico Vanderbilt-Ingram de los Estados Unidos atendemos un número considerable de casos cada año. El linfoma del SNC se diferencia de otros tumores cerebrales porque se considera un «tumor líquido», lo que significa que pertenece a la familia de las leucemias y los linfomas. El linfoma primario del SNC afecta solo el cerebro y no al resto del cuerpo. Estos pacientes requieren un plan de tratamiento muy específico, pero a menudo responden bastante bien a la terapia.

¿Qué se sabe actualmente sobre la epidemiología del cáncer cerebral, en particular con respecto a la prevalencia y distribución de sus distintos subtipos?

En cuanto a la epidemiología, cabe decir que es un área sobre la que no se conoce mucho. Existen muy pocas asociaciones con este tipo de tumores, especialmente si consideramos los tumores cerebrales malignos primarios como los gliomas. Hasta la fecha, no se han identificado factores de riesgo ambientales que se hayan correlacionado definitivamente con los gliomas.

Los únicos factores que han demostrado ser realmente significativos son la exposición previa a la radiación ionizante. Por ejemplo, si un paciente recibió radioterapia durante la infancia —por una enfermedad como la leucemia—, observamos que un número considerable de estos pacientes desarrollan luego tumores cerebrales. De forma similar, los pacientes que tuvieron una clara exposición a sitios radiactivos, como un sitio nuclear, podrían tener un mayor riesgo. Estas son las únicas asociaciones medioambientales conocidas.

Existen algunas asociaciones genéticas. Por ejemplo, algunos síndromes conllevan una mayor predisposición a los tumores cerebrales. Uno de ellos es el síndrome de Li-Fraumeni; otro sería el síndrome de Lynch, y la neurofibromatosis, que se relaciona también con una mayor incidencia de tumores cerebrales.

Escuchamos informes anecdóticos de pacientes que creen haber tenido exposiciones ambientales que podrían estar relacionadas con su tumor y, a menudo, nos preguntamos si pudiese existir una asociación. Sin embargo, es muy difícil establecer la causalidad. Se han dado ejemplos de grupos geográficos de tumores cerebrales, lo que nos lleva a pensar si los pacientes provenientes de una determinada zona geográfica podrían tener una exposición ambiental común.

¿Qué modalidades terapéuticas están disponibles hoy para los médicos que hayan demostrado ser más prometedoras en el tratamiento del glioma?

En el caso específico del glioma, la mejor manera de simplificar el enfoque terapéutico es que, para la mayoría de los gliomas malignos, la radiación ha demostrado ser efectiva y aún es tenida como el tratamiento de referencia, especialmente en gliomas de alto grado como el glioblastoma y los tumores de grado 3. En estos casos, la radioterapia suele combinarse con quimioterapia. El fármaco con el que muchas personas están familiarizadas es la temozolomida, que todavía se considera el tratamiento estándar para el glioblastoma. En este contexto, los pacientes suelen recibir seis semanas de radioterapia de intensidad modulada combinada con temozolomida diaria.

Antes de iniciar la radiación resulta fundamental realizar una resección quirúrgica máxima. En todos los grados de gliomas, se ha demostrado consistentemente que la extensión de la resección quirúrgica es un factor pronóstico independiente.

Fuente: un artículo de Jax DiEugenio publicado en el portal www.onclive.com

 

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