
Una mejora del 50% observada en investigaciones sobre el Alzheimer, podría ser una prueba de lo maravillosamente extraña que puede llegar a ser la naturaleza humana.
No es una idea agradable, pero tal vez se parezca un poco a ese estudio reciente que sugería que el 90% de nosotros nos hurgamos la nariz en privado: si te hueles los mocos por curiosidad o para buscar indicios sobre tu salud, ten por seguro que no eres el único. Es más, existen varias investigaciones que sugieren que, cuando ese “olor” llega al cerebro, podría reportar algún beneficio protector.
Empecemos con una pequeña lección de ciencia: expertos han señalado que la molécula maloliente que produce el cuerpo es sulfuro de hidrógeno.
Un estudio de 2024, de la Agencia para el Registro de Sustancias Tóxicas y Enfermedades indicaba: “Las bacterias presentes en la boca y el tracto digestivo producen sulfuro de hidrógeno durante la digestión de alimentos que contienen proteínas vegetales o animales”. La agencia añadió que “niveles muy altos pueden provocar una pérdida repentina del conocimiento o la muerte”, lo cual suena un poco a lo que tu hermano te habría gritado durante la infancia.
En ese caso, podrías tener la última palabra. Una revisión científica de octubre de 2025, publicada en la revista Neuroscience, describió a este gas como un “neuroprotector silencioso”, citando evidencia de que podría ayudar a contrarrestar varios procesos clave relacionados con la enfermedad de Alzheimer, como la inflamación, el estrés oxidativo y el daño a las proteínas en las células cerebrales.
Esto se basa en hallazgos anteriores. En 2014, investigaciones farmacológicas señalaron que dicho gas desempeña un papel en la comunicación celular y el flujo sanguíneo. Posteriormente, un estudio de 2021, realizado por Johns Hopkins Medicine y publicado en Proceedings of the National Academies of Science, reveló que el sulfuro de hidrógeno podría ayudar a ralentizar o incluso revertir el deterioro cognitivo en ratones modificados genéticamente para simular la enfermedad de Alzheimer.
Los investigadores inyectaron a los ratones modificados genéticamente un compuesto transportador de sulfuro de hidrógeno llamado NaGYY. Este compuesto liberó lentamente moléculas de sulfuro de hidrógeno a medida que viajaba por el organismo. A continuación, evaluaron a los ratones durante 12 semanas para detectar cualquier cambio en su memoria y función motora.
Según un comunicado de prensa, el sulfuro de hidrógeno mejoró la función cognitiva y motora en un 50% en comparación con los ratones a los que no se les inyectó el compuesto NaGYY. Los ratones tratados pudieron “recordar mejor la ubicación de las salidas de la plataforma y parecían físicamente más activos que los no tratados”.
Según los investigadores, estos resultados demostraron que “las manifestaciones y efectos conductuales de la enfermedad de Alzheimer podrían revertirse mediante la administración de sulfuro de hidrógeno”.
El sulfuro de hidrógeno pareció interferir en una reacción en cadena perjudicial en la que intervienen una enzima común llamada glucógeno sintasa ß (GSK3β) y una proteína conocida como tau. En la enfermedad de Alzheimer, las proteínas tau se modifican de forma anormal y se agrupan dentro de las neuronas, interrumpiendo la comunicación entre las células cerebrales. El sulfuro de hidrógeno ayudó a prevenir esta modificación excesiva de la proteína tau, preservando así una señalización cerebral más saludable.
“Nuestros nuevos datos vinculan firmemente el envejecimiento, la neurodegeneración y la señalización celular mediante el uso de sulfuro de hidrógeno y otras moléculas gaseosas dentro de la célula”, comentó Bindu Paul, M.Sc., Ph.D., instructora de investigación docente en neurociencia en el Departamento de Neurociencia Solomon H. Snyder de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.
Los crecientes descubrimientos pueden servir como evidencia de que incluso para las funciones corporales aparentemente más indeseables, la naturaleza posee un diseño con un propósito específico.
¿Las flatulencias del cuerpo mejoran la salud?
El cuerpo humano crea de forma natural pequeñas cantidades de sulfuro de hidrógeno (flatulencias) para ayudar a regular las funciones corporales. Los gases pueden facilitar la comunicación entre las células y el cerebro.
Fuente: un artículo de Alex Kelly publicado en el portal www.thehealthy.com
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