
Publicada en The Lancet Neurology, una nueva revisión de la Universidad de Colorado Anschutz, en colaboración con el Centro Médico UT Southwestern, ofrece las últimas explicaciones científicas sobre por qué las dietas cetogénicas reducen las convulsiones en personas con epilepsia.
El artículo integra hallazgos de investigaciones de laboratorio y resultados observados en pacientes clínicos reales, demostrando que las dietas cetogénicas hacen mucho más que reducir las convulsiones. La revisión describe cómo estos regímenes estrictos —ricos en grasas y bajos en carbohidratos—, fortalecen los sistemas energéticos del cerebro, reducen la inflamación y protegen las neuronas, proporcionando beneficios terapéuticos que muchos medicamentos actuales aún no logran.
“Durante años, los médicos han observado que las dietas cetogénicas reducen las convulsiones en pacientes que no responden a la medicación, pero la evidencia que las respalda se encuentra dispersa en estudios de pequeña escala. Y, si bien los científicos han avanzado en la comprensión de por qué funciona esta dieta, de estos descubrimientos han surgido pocas terapias nuevas o ensayos clínicos a gran escala”, explica la doctora Anna Figueroa, primera autora e investigadora del estudio, quien labora en la Escuela de Farmacia y Ciencias Farmacéuticas Skaggs, de la Universidad de Colorado Anschutz.
Figueroa trabajó con Charuta Joshi, MBBS, y Manisha Patel, PhD, para sintetizar la investigación de los últimos cinco años que examinan la eficacia clínica de las dietas cetogénicas y los mecanismos subyacentes que impulsan sus efectos.
Explican que las dietas cetogénicas limitan significativamente los carbohidratos, por lo que el cerebro deja de depender de la glucosa como su principal fuente de energía. Cuando se produce este cambio, el organismo genera cetonas, que proporcionan una fuente de energía más estable y eficiente. Dicha transformación ayuda a estabilizar las neuronas hiperactivas y favorece una regulación energética más saludable en el cerebro. En conjunto, estos efectos pueden contribuir a reducir la probabilidad de que se produzcan convulsiones.
“Al combinar la evidencia clínica más reciente con la investigación científica básica, buscamos brindar una comprensión integral de cómo funcionan estas dietas, identificar lagunas en el conocimiento actual y destacar oportunidades para estrategias de implementación dietética. También esperamos que estos hallazgos fomenten el desarrollo de fármacos que reproduzcan los efectos terapéuticos de la dieta”, añade Figueroa.
Según los autores, estos hallazgos no solo aclaran cómo funcionan las terapias cetogénicas, sino que también abren la puerta a nuevas terapias que podrían replicar los efectos de la dieta sin que los pacientes tengan que seguir planes de alimentación estrictos a largo plazo.
La revisión también identifica una laguna importante: la mayoría de las investigaciones sobre la dieta cetogénica se centran en niños. No obstante, aunque algunos estudios pediátricos han comparado diferentes dietas cetogénicas y las han evaluado frente al tratamiento estándar para la epilepsia, estos estudios aún son relativamente limitados.
En el caso de los adultos, la brecha de evidencia es aún mayor y los estudios que comparan las dietas cetogénicas con los tratamientos estándar para la epilepsia son extremadamente escasos. De hecho, en los últimos cinco años solo se ha realizado un ensayo controlado aleatorizado con adultos. La investigación en poblaciones adultas más amplias sigue siendo limitada, lo que pone de manifiesto la urgente necesidad de realizar estudios centrados en los adultos.
Un factor clave que se destaca en la revisión es cómo cambia con el tiempo la capacidad del organismo para metabolizar las grasas. Los adultos pueden desarrollar alteraciones hepáticas, a menudo influenciadas por el uso prolongado de medicamentos anticonvulsivos, que pueden afectar su tolerancia o respuesta a las dietas cetogénicas. Esta podría ser una de las razones por las que el inicio temprano, especialmente en la infancia, parece ser más efectivo. Los autores subrayan la importancia de comenzar la dieta a una edad temprana para obtener el máximo beneficio.
Si bien la revisión se centra en la epilepsia, los mecanismos básicos que describe sugieren que los enfoques basados en la dieta cetogénica podrían extenderse más allá de los trastornos convulsivos. La evidencia emergente advierte posibles beneficios para algunas personas con otras afecciones neurológicas, lo que indica que las terapias basadas en el metabolismo podrían tener un valor terapéutico más amplio.
En conjunto, las conclusiones de esta revisión ponen de relieve la necesidad de adoptar la dieta de forma más temprana, de realizar ensayos controlados aleatorios adicionales a gran escala para evaluar los efectos a largo plazo y de continuar innovando en el tratamiento, tanto para mejorar la forma y el momento de implementar la dieta como para desarrollar terapias que la imiten y que sean más fáciles de mantener para los pacientes.
Fuente: un artículo de Anna Figueroa publicado en el portal www.news-medical.net
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