
Las pacientes con cáncer de mama que se someten a quimioterapia podrían enfrentar mayor riesgo de atrofia cerebral y deterioro cognitivo, sugieren nuevos hallazgos de un estudio piloto.
Los problemas de memoria en pacientes con cáncer podrían no deberse únicamente al estrés o la ansiedad relacionados con su diagnóstico, sino que quizá reflejen cambios subyacentes en la estructura cerebral, declaró a Medscape Noticias Médicas el investigador del estudio, Paul Edison, Ph. D., M. Phil., profesor de neurociencia y profesor clínico de neurología en el Imperial College London, en Londres, Inglaterra.
Si bien los hallazgos sugieren que la quimioterapia puede contribuir al daño neuronal, los investigadores señalaron que muchos aspectos de la relación entre el tratamiento y los cambios cerebrales siguen sin estar claros.
El doctor Edison destacó tres áreas clave que requieren mayor investigación: descubrir los mecanismos que impulsan la atrofia cerebral, determinar la proporción de pacientes afectados e identificar estrategias de prevención eficaces.
Otra investigadora del estudio, Laura Kenny, Ph. D., profesora asociada y oncóloga médica consultora en el Imperial College London, señaló que el tema ha recibido poca atención hasta la fecha, pero expresó su esperanza de que los hallazgos generen conciencia y fomenten mayor investigación, dada su importancia clínica.
Investigando el impacto cognitivo
Avances en los agentes quimioterapéuticos han mejorado las tasas de sobrevida en pacientes con cáncer. Sin embargo, persisten desafíos con respecto al impacto a largo plazo de estos fármacos.
El deterioro cognitivo asociado a la quimioterapia, a menudo denominado “niebla mental”, “quimiocerebro” o chemobrain, afecta aproximadamente a un tercio de pacientes con cáncer de mama después del tratamiento.
Si bien el deterioro cognitivo se resuelve en un plazo de 12 meses en algunas pacientes, otras experimentan efectos persistentes que pueden aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas, explicó el doctor Edison.
Para evaluar el impacto de la quimioterapia en el cerebro, los investigadores estudiaron a 328 mujeres con cáncer de mama no metastásico que se habían sometido a quimioterapia en los últimos 12 meses.
Las pacientes recibieron antraciclina (fármaco derivado de la bacteria Streptomyces peucetius) o taxanos, como docetaxel y paclitaxel, ambos comúnmente utilizados en el tratamiento del cáncer de mama, o una combinación de estos agentes. Además, algunas pacientes también podrían haber recibido terapia hormonal en algún momento durante el tratamiento, indicó la doctora Kenny.
Las participantes completaron pruebas de preselección neurocognitiva cada tres meses utilizando una plataforma especializada impulsada por inteligencia artificial, lo que les permitió realizar evaluaciones detalladas de memoria en línea desde casa.
Entre las preseleccionadas, 18 personas con puntuaciones neurocognitivas más bajas (edad promedio: aproximadamente 55 años) y 19 personas de control cognitivamente normales sin cáncer de mama (edad promedio: aproximadamente 67 años) se sometieron a evaluaciones neurocognitivas exhaustivas y presenciales, así como a resonancias magnéticas.
Los investigadores analizaron las exploraciones mediante la región de interés (ROI) y la morfometría basada en vóxeles (VBM), que utiliza un sofisticado software informático, para evaluar el volumen y la superficie de la materia gris.
El análisis de ROI reveló reducciones significativas en el volumen de la materia gris (medido en mm³) y la superficie (medida en mm²) en pacientes con quimiocerebro, afectando especialmente al istmo cingulado y la pars opercularis, con cambios que se extendieron a las regiones orbitofrontal y temporal.
Atrofia significativa
El análisis de VBM confirmó atrofia significativa en las regiones frontal, parietal y cingulada de las pacientes con quimiocerebro en comparación con el grupo control (p <0,05). El doctor Edison observó que este patrón se superpone con los cambios cerebrales que se encuentran típicamente en la enfermedad de Alzheimer y el deterioro cognitivo vascular. En ambos análisis “demostramos que existe cierta contracción cerebral en las pacientes con quimiocerebro”, afirmó. “El hecho de que los controles sean mayores significa que los resultados son aún más significativos, ya que hay mayor atrofia cerebral a medida que las personas envejecen”.
Algunas regiones cerebrales afectadas podrían estar relacionadas con el deterioro de la memoria, rasgo distintivo de la enfermedad de Alzheimer, pero el doctor Edison advirtió que, dado el pequeño tamaño de la muestra, este hallazgo debe interpretarse con cautela.
Si bien el análisis demostró volúmenes cerebrales generales más bajos en las pacientes con quimiocerebro en comparación con los controles, el médico enfatizó que este hallazgo refleja un único punto temporal y no indica una contracción cerebral a lo largo del tiempo.
Otros eventos, como el ictus, también pueden causar cambios cerebrales.
El doctor Edison destacó la importancia de determinar la importancia de estos cambios cerebrales, cómo afectan a los pacientes y si pueden prevenirse.
Las pruebas neurocognitivas presenciales revelaron fluidez semántica y verbal significativamente reducida, así como puntuaciones más bajas en el Mini-Mental State Examination en pacientes con quimiocerebro. El especialista señaló que estos resultados respaldan los hallazgos de la resonancia magnética.
El equipo planea realizar seguimiento de las pacientes para rastrear los cambios cerebrales y la recuperación de la memoria, afirmó la doctora Kenny. Si bien las pacientes con cáncer de mama son un punto de enfoque común, los investigadores pretenden ampliar el estudio a otros tipos de cáncer, tanto en hombres como en mujeres, añadió. Basándose en conversaciones con sus colegas oncólogos, señaló que muchos pacientes informan anecdóticamente haber experimentado problemas de memoria durante la quimioterapia.
Se necesita más investigación
En un comentario para Medscape Noticias Médicas, Rebecca M. Edelmayer, Ph. D., vicepresidenta de Participación Científica de la Alzheimer’s Association, afirmó que la investigación podría ayudar a esclarecer por qué las mujeres son más propensas a desarrollar demencia que los hombres.
Durante años los expertos han intentado determinar qué aumenta el riesgo de que las mujeres padezcan enfermedad de Alzheimer y otras demencias, comentó la doctora Edelmayer.
“Aún no entendemos si se trata de factores de riesgo de origen biológico o social”, añadió.
La investigación que vincula los tratamientos para otras afecciones con aumento de los problemas de memoria podría ofrecer algunas pistas, lo que sugiere una posible vía para mayor investigación sobre la relación entre quimioterapia y trastornos neurodegenerativos, como la enfermedad de Alzheimer, agregó. Sin embargo, enfatizó que esta línea de investigación aún se encuentra en sus primeras etapas. Se necesita mucha más investigación para determinar si existe relación causal directa con fármacos específicos de quimioterapia y si algunos pacientes podrían ya estar predispuestos o tener mayor riesgo de deterioro cognitivo.
En un comentario para Medscape Noticias Médicas, Eric Brown, científico asociado y jefe asociado de psiquiatría geriátrica del Centro para la Adicción y la Salud Mental, en Toronto, Canadá, expresó su preocupación por el diseño del estudio.
Agregó que un problema radica en que los investigadores no tomaron imágenes de todos los pacientes que recibieron quimioterapia, sino que seleccionaron aquellos con el deterioro cognitivo más significativo. Como resultado, los hallazgos podrían no haber reflejado los resultados en el promedio de pacientes posquimioterapia, sino que representan al subgrupo más gravemente afectado.
El doctor Brown puntualizó que el estudio no aclaró si este subgrupo presentaba comorbilidades. Es posible que algunas personas hayan padecido la enfermedad de Alzheimer u otras formas de demencia no relacionadas con la quimioterapia. Coincidió en que el seguimiento de los cambios longitudinales tanto en las puntuaciones cognitivas como en las neuroimágenes (comparando a los pacientes que reciben quimioterapia con quienes no la reciben) sería un próximo paso valioso.
Fuente: un artículo de Pauline Anderson publicado en el portal medscape.com
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