
Una persona puede haber dormido ocho horas y haberse alimentado bien, y aun así sentir la necesidad de tomarse un tercer café antes del mediodía porque simplemente no logra arrancar el día. Antes de culpar a los horarios o a la edad, tal vez convenga plantearse una pregunta cuya respuesta se mide en miligramos.
Los minerales son los motores ocultos del organismo. Activan las enzimas que transforman los alimentos en energía y regulan la señalización celular, la expresión génica y las hormonas del estrés.
Para Caroline Alan —autora, cofundadora de la empresa de suplementos minerales BEAM y autodenominada “fanática de los minerales”—, la brecha entre “hacer todo bien” y seguir sintiéndose mal llegó a ser un problema grave. Hace unos diez años, mientras desempeñaba un puesto corporativo de gran exigencia, empezó a sufrir problemas digestivos cada vez más agudos, fatiga y, finalmente, insomnio, niebla mental, infecciones sinusales recurrentes y un deterioro de la salud bucal. A pesar de haber consultado a varios especialistas, afirma que no experimentó ninguna mejoría duradera y acabó viéndose obligada a dejar de trabajar.
La situación no cambió hasta que empezó a tomar suplementos para “reponer” los minerales. En un período de unos ocho meses, sus síntomas desaparecieron por completo y sus médicos observaron mejoras cuantificables. “Mi dentista se quedó asombrado”, comentó Alan a The Epoch Times.
Esta experiencia la llevó a investigar a fondo la relación entre los minerales y la biología. Lo que descubrió no es información nueva, pero a menudo se pasa por alto: los minerales son los pequeños motores ocultos del organismo.
“Si tienes una deficiencia de minerales, las cosas simplemente no funcionan. Es como un motor. Los minerales son, en realidad, el motor mismo”, explicó Quoc Le, científico y consultor especializado en alimentos, quien cuenta con un doctorado en ciencia y tecnología de los alimentos.
Sin embargo, no se trata solo de si estás ingiriendo suficientes minerales, sino también de si tus células son realmente capaces de utilizarlos.
¿Qué ocurre cuando sus células se quedan sin minerales?
Para comprender el problema, hay que fijarse en las mitocondrias: las centrales energéticas de la célula que transforman los nutrientes de los alimentos en trifosfato de adenosina (ATP), la molécula que constituye la principal fuente de energía utilizable del organismo. Esta transformación es un proceso de varias etapas que depende en gran medida de las enzimas; la mayoría de ellas requiere minerales para funcionar. Muchos minerales actúan como cofactores, es decir, elementos auxiliares que permiten a las enzimas activarse y desempeñar funciones importantes en el cuerpo.
“Los minerales tienen un impacto enorme en las enzimas. En esencia, estas enzimas simplemente no funcionan si existe una deficiencia de ellos”, declaró a The Epoch Times el doctor Aaron Erez, especialista en medicina funcional.
Cuando la disponibilidad de minerales es baja, la eficiencia mitocondrial disminuye. Esa ineficiencia no siempre se manifiesta mediante un único síntoma llamativo; por el contrario, suele presentarse afectando a múltiples sistemas simultáneamente: fatiga persistente que no se alivia con el descanso; niebla mental y dificultad para concentrarse; sueño de mala calidad a pesar de sentirse agotado; un sistema inmunitario lento y propenso a infecciones recurrentes; así como calambres musculares, cambios de humor y una mayor sensibilidad al estrés.
Ninguno de estos síntomas es exclusivo de los niveles de minerales, pero algunos clínicos dedicados a la medicina funcional identifican este conjunto de signos en pacientes cuya ingesta o absorción de nutrientes es deficiente.
Una revisión publicada en 2020, en la revista Nutrients, describió a las mitocondrias como algo más que simples productoras de energía; también intervienen en la comunicación y el funcionamiento celular. Asimismo, los autores señalaron que la función mitocondrial depende de vitaminas y minerales que actúan junto a las enzimas para llevar a cabo sus tareas. Por consiguiente, las dietas ricas en alimentos ultraprocesados y relativamente pobres en alimentos integrales pueden agravar este problema al desplazar a aquellos alimentos que aportan nutrientes esenciales, precisamente cuando el organismo más los necesita.
La brecha actual de minerales
Aunque sigas una dieta rica en frutas y verduras, es posible que estés ingiriendo menos minerales de los que crees.
Una revisión de 2024, publicada en la revista Foods, sostenía que la densidad de nutrientes de los cultivos modernos ha disminuido considerablemente, en gran medida porque nuestro sistema agrícola prioriza el volumen sobre la nutrición. Se determinó que la selección genética agresiva para obtener altos rendimientos y las prácticas industriales intensivas han degradado conjuntamente la salud del suelo, y reducido el contenido de minerales de las frutas y verduras.
Un artículo de investigación de 2021, que analizó el contenido de minerales en frutas y verduras del Reino Unido entre 1940 y 2019, reveló descensos sustanciales en los niveles de sodio, hierro, cobre y magnesio durante ese período.
Esto se debe a que la agricultura industrial solo aporta los fertilizantes necesarios para que los cultivos crezcan; no repone la variedad más amplia de minerales del suelo, sino que simplemente los extrae.
“Cultivas 100 millones de acres de un solo producto, y este extrae, extrae y extrae nutrientes”, subrayó Le. “No puedes extraer recursos y esperar que se regeneren espontáneamente”.
La preferencia de los consumidores por los alimentos procesados ha agravado el problema. “Todos los nutrientes beneficiosos, todos los minerales, se encuentran en la cáscara que eliminamos porque nos encanta el sabor del pan blanco”, añadió.
¿Qué minerales corren mayor riesgo de déficit?
Aunque las necesidades de minerales varían de una persona a otra, algunas carencias son más frecuentes que otras.
“Si tuviera que elegir tres o cuatro, probablemente serían el hierro, el magnesio, el zinc y el cobre”, señaló Erez al describir las deficiencias que observa con mayor frecuencia en sus pacientes.
Destacó que el magnesio, en particular, se ha convertido en un problema generalizado para las personas. Este mineral desempeña un papel fundamental en más de 300 funciones, entre ellas el metabolismo energético, la función muscular y la regulación del sistema nervioso. El estrés crónico acelera el agotamiento de las reservas de magnesio, ya que el cortisol provoca que el organismo lo elimine en mayor cantidad. “Esto sucede porque las personas viven bajo estrés crónico y el cortisol —una hormona relacionada con el estrés— hace que el cuerpo consuma el magnesio mucho más rápido”.
El zinc desempeña un papel clave en el funcionamiento del sistema inmunitario y en la actividad enzimática, mientras que el cobre interviene en la producción de energía y en el metabolismo del hierro. El hierro y el magnesio ayudan también a las mitocondrias a producir energía para el organismo. Los desequilibrios en estos minerales pueden contribuir a la aparición de síntomas como fatiga, disfunción inmunitaria y una reparación tisular deficiente.
Las necesidades de cada persona son diferentes, y saber por dónde empezar es fundamental. “Realmente animo a la gente a hacerse una prueba de salud funcional y obtener sus propios datos”, dijo Erez, refiriéndose a un conjunto exhaustivo de análisis de sangre y pruebas de laboratorio especializadas para evaluar los niveles de nutrientes.
Cómo cerrar la brecha
Obtener suficientes minerales no depende solo de lo que comes; tu cuerpo también debe ser capaz de absorberlos y utilizarlos. Dado que los minerales actúan de forma conjunta, consumir una variedad de alimentos integrales aporta un espectro más amplio de nutrientes.
Alimentación
El doctor Le recomienda consumir más frutas y verduras —comer los colores del arcoíris—, y priorizar los productos locales y de temporada para asegurar un aporte adecuado de minerales. Los productos locales de temporada suelen recolectarse cuando han alcanzado su punto óptimo de desarrollo, apuntó Le.
“Ese el momento en que la fruta o verdura maximiza su contenido de minerales», anotó.
Le también destaca que la forma de preparar los alimentos puede influir en la accesibilidad de los nutrientes para el organismo.
El consumo de alimentos fermentados es una estrategia poco aprovechada para aumentar la disponibilidad de los minerales. El proceso de fermentación ayuda a descomponer las estructuras vegetales que dificultan que el cuerpo acceda a los minerales y los absorba.
“En realidad, a nuestro organismo le cuesta mucho descomponer la materia vegetal y absorber sus minerales”, indicó Le. “Sin embargo, los alimentos fermentados son capaces de descomponerla y asimilar esos nutrientes; luego, al consumirlos nosotros, se completa el ciclo”.
Otra fuente de minerales que suele pasarse por alto son las cáscaras y pieles de frutas y verduras, donde estos tienden a acumularse. “La piel de la patata es muy rica en potasio”, comentó Le. Él recomienda consumir las cáscaras siempre que sea posible —preferiblemente de productos ecológicos—, dado que los pesticidas también pueden concentrarse en las capas externas.
Absorción
La cantidad de minerales que contienen los alimentos no importa si el organismo no puede absorberlos. En este sentido, el ácido estomacal desempeña un papel fundamental: activa las enzimas digestivas encargadas de descomponer los alimentos y liberar los minerales para su absorción. Cuando los niveles de ácido son bajos, este proceso pierde eficacia.
Esto es especialmente relevante para las personas que toman inhibidores de la bomba de protones (IBP), un tipo de fármaco muy utilizado para reducir la acidez estomacal. “Los IBP reducen tanto la acidez que impiden la correcta absorción de los minerales”, aseveró Erez.
Asimismo, destacó que los niveles de ácido gástrico estomacal disminuyen de forma natural con la edad, lo que explica en parte por qué las deficiencias de minerales son más frecuentes en las personas mayores. Por ello, Erez recomienda realizarse pruebas para detectar posibles carencias de nutrientes.
Otro factor importante que puede perjudicar la absorción de minerales es la inflamación.
“Es sorprendente hasta qué punto afecta a la capacidad de absorber minerales”, reveló Le. Cuando el tejido intestinal está inflamado, el organismo prioriza la reparación frente a la absorción de nutrientes. “Si las células y los tejidos intestinales están sufriendo, no tienen interés en absorber más sustancias”.
El doctor Aaron Erez recomienda eliminar los alimentos proinflamatorios, como los productos ultraprocesados, así como el alcohol. “El alcohol es incompatible con la ingesta de minerales. Si se consume alcohol, los minerales simplemente se eliminan. Para el hígado y el estómago, realizar ambas funciones a la vez supone una gran sobrecarga”.
Factores relacionados con el estilo de vida, como la gestión del estrés y la higiene del sueño, también ayudan a mantener la inflamación bajo control.
A veces, el organismo solo puede absorber una cantidad limitada de un nutriente cuando hay presentes grandes cantidades de otro que compite por dicha absorción. Esto no supone un problema si los minerales provienen de una dieta basada en alimentos integrales, pero puede convertirse en un inconveniente importante al consumir suplementos de dosis elevadas.
Suplementación
Tomar suplementos aislados de dosis altas sin conocer el estado inicial del organismo puede generar desequilibrios tan problemáticos como las propias carencias que se pretendían corregir.
“El cuerpo busca el equilibrio. Es como un bosque: si viertes una carretilla de magnesio sobre el suelo del bosque, las plantas no prosperarán”, acotó la doctora Alan.
Una categoría que está cobrando relevancia en este ámbito es la de las sustancias fúlvicas y húmicas, compuestos derivados de la materia orgánica en descomposición presente en el suelo. Dado que resulta difícil obtener cantidades significativas de ellas a través de la alimentación, suelen comercializarse en forma de gotas, polvos o cápsulas. Estos suplementos son los productos de reposición mineral a los que Alan atribuye la recuperación de su salud.
Una investigación publicada en 2025, en la revista Antioxidants, sugiere que las sustancias húmicas podrían mejorar la absorción de nutrientes en las plantas; sin embargo, la evidencia científica en humanos sigue siendo limitada.
Por ahora, lo más recomendable es priorizar una base nutricional sólida, prestar atención a la salud intestinal y a los factores del estilo de vida que influyen en la absorción, y recurrir a la suplementación solo cuando sea necesario o bajo la orientación de un profesional de la salud.
La esencia de la salud celular sigue residiendo en lo que ponemos en nuestros platos. Si los minerales son el motor de nuestro organismo, los alimentos ricos en nutrientes son el combustible de primera calidad.
Como señala el doctor Le: “Un mercado de agricultores es un buen primer paso”.
Fuente: un artículo de Jennifer Sweenie publicado en el portal www.theepochtimes.com
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