

Si duermes habitualmente menos de seis horas y media —o tienes la costumbre de dormir más de ocho horas—, tus órganos podrían estar envejeciendo más rápido de lo debido, según advierte un estudio reciente.
Los investigadores descubrieron que las personas que duermen fuera del estrecho margen de entre 6,4 y 7,8 horas presentan signos de un envejecimiento orgánico más acelerado en comparación con aquellas que se mantienen dentro de ese rango. Asimismo, estas personas enfrentaban un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas, como diabetes, cardiopatías y depresión.
Esto sugiere que encontrar el equilibrio adecuado en el sueño podría ser clave para mantenerse más sano y joven a medida que envejecemos.
El estrecho margen de sueño ideal para la salud
El estudio se basó en datos declarados por 500.000 participantes del UK Biobank y utilizó 23 modelos informáticos, denominados “relojes de envejecimiento”, para estimar la velocidad a la que envejecían distintos órganos en relación con la edad real de la persona.
Estos relojes se desarrollaron utilizando datos estructurales provenientes de imágenes médicas, proteínas específicas de cada órgano y moléculas presentes en la sangre, las cuales pueden proporcionar información personalizada sobre el envejecimiento de órganos concretos, como el cerebro, el corazón y los pulmones.
Los hallazgos, publicados recientemente en la revista Nature, revelaron que dormir entre 6,4 y 7,8 horas era lo más saludable para las mujeres, mientras que para los hombres el rango óptimo se situaba entre las 6,4 y las 7,7 horas.
“Existe gran entusiasmo en torno a estos relojes de envejecimiento y su capacidad para predecir enfermedades y el riesgo de mortalidad”, declaró Junhao Wen, director del estudio y profesor adjunto de Radiología en el Vagelos College of Physicians and Surgeons de la Universidad de Columbia, en un comunicado de prensa. “Sin embargo, para mí, la cuestión más apasionante es: ¿podemos vincular estos relojes de envejecimiento a algún factor del estilo de vida que sea posible modificar a tiempo para ralentizar el proceso de envejecimiento?”.
Aunque este estudio observacional no demuestra que la duración del sueño cause directamente un envejecimiento acelerado, sí revela un vínculo entre los hábitos de sueño y la salud general.
Hábitos de sueño y enfermedades crónicas
Tanto la falta como el exceso de sueño se asociaron con un envejecimiento acelerado en casi todos los órganos, lo que respalda la idea de que el sueño desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de lo que Wen describió como “una red coordinada entre el cerebro y el cuerpo, que incluye el equilibrio metabólico y un sistema inmunitario saludable”.
El estudio relacionó una duración anómala del sueño con diversas afecciones médicas, como la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, las enfermedades cardíacas y las arritmias. También halló vínculos con enfermedades respiratorias, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el asma, así como con problemas gastrointestinales, como el reflujo ácido y la gastritis.
Los datos de nueve de los llamados “relojes biológicos de envejecimiento” mostraron vínculos estadísticamente significativos entre la duración del sueño y el envejecimiento de órganos como el cerebro, el corazón, el sistema inmunitario y la piel. Estas asociaciones fueron más marcadas en las personas que dormían menos tiempo.
Mayor riesgo de depresión en la vejez
Wen y su equipo descubrieron que dormir muy poco se asociaba a problemas de salud mental, como la depresión y la ansiedad. Los investigadores también hallaron que dormir en exceso podía influir en el riesgo de depresión a través de cambios en el envejecimiento del cerebro y del tejido adiposo.
El doctor Alex Dimitriu, especialista certificado en psiquiatría y medicina del sueño —quien no participó en el estudio—, declaró a The Epoch Times que estos hallazgos confirman lo que él ha observado en su consulta: tanto dormir muy poco como dormir en exceso se asocian a peores resultados de salud.
“Esto refuerza la idea de que dormir entre siete y ocho horas es lo ideal para la mayoría de los adultos”, afirmó. “Es un factor de riesgo modificable que podemos controlar”.
Dimitriu señaló que también es bueno saber que siete horas pueden ser suficientes para la mayoría de los adultos.
“Así dejamos de fustigarnos por no dormir ocho horas”, apuntó. “¡Pero cuidado con caer en una pendiente resbaladiza y empezar a dormir seis horas!”.
La calidad del sueño es tan importante como su duración
Tanto la calidad como la duración del sueño son fundamentales para la salud general, explicó Chelsie Rohrscheib, experta principal en sueño y neurocientífica de Wesper —una plataforma de nivel clínico para el análisis y la gestión del sueño—, quien no participó en el estudio.
“Un sueño deficiente en cualquiera de estos aspectos puede aumentar el riesgo de padecer numerosas enfermedades crónicas y, al mismo tiempo, reducir la calidad de vida”, indicó.
Una investigación publicada el año pasado en la revista Health Data Science ha relacionado 172 enfermedades distintas con hábitos de sueño deficientes.
Rohrscheib indicó que existen señales de alerta que indican que los hábitos de sueño podrían estar afectando negativamente a la salud. Entre ellas se incluyen:
Dimitriu recomendó proteger lo que él denomina la “ventana de sueño” mediante una iluminación tenue, una reducción de los estímulos y una rutina tranquila antes de acostarse.
“Intentar dormir ocho horas suele traducirse en unas siete horas de calidad”, comentó; y, según este estudio, esa es precisamente la cantidad ideal para envejecer en las mejores condiciones.
Fuente: un artículo de George Citroner publicado en el portal www.theepochtimes.com
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