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17 agosto, 2026
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La lectura ayuda al cerebro a trabajar con mayor intensidad y eficacia

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Puedes tomar suplementos de aceite de pescado o consumir mucha cúrcuma. Puedes invertir en clases de idiomas, comprar libros de pasatiempos o dedicar unas horas a hacer ejercicio cada semana. Existen innumerables métodos para supuestamente mejorar la memoria y el funcionamiento cognitivo con ejercicios de entrenamiento cerebral. Sin embargo, una de las maneras más económicas, fáciles y probadas para agudizar el cerebro, a lo largo del tiempo, la tienes justo delante de ti: la lectura.

Que leer sea beneficioso para el cerebro no es ninguna sorpresa; con razón los padres siempre insisten en que sus hijos dejen los dispositivos electrónicos y cojan un buen libro. No obstante, resulta asombroso cómo una actividad tan cotidiana puede mejorar el cerebro de tantas maneras.

La lectura es importante porque ayuda al cerebro a trabajar más y mejor

El impacto más básico ocurre en el área asociada a la recepción del lenguaje: la corteza temporal izquierda. Procesar material escrito —desde las letras hasta las palabras, pasando por las oraciones y las historias mismas—, activa la atención de las neuronas a medida que comienzan el trabajo de transmitir toda esa información. Eso también sucede cuando procesamos el lenguaje hablado, aunque la naturaleza misma de la lectura estimula al cerebro a trabajar más y mejor. “Normalmente, al leer dispones de más tiempo para pensar”, afirma Maryanne Wolf, doctora en Educación y directora del Centro para la Dislexia, los Aprendices Diversos y la Justicia Social de UCLA. “La lectura ofrece un botón de pausa único para la comprensión y la introspección. En cambio, con el lenguaje oral, cuando ves una película o escuchas una grabación, por norma general no presionas pausa”.

Además, los beneficios de la lectura perduran mucho después de que hayas cerrado ese libro. Un estudio de 2013, publicado en la revista Brain Connectivity, reveló que algunos de los beneficios asociados a la lectura persistían durante cinco días. “Lo llamamos actividad en sombra, algo parecido a la memoria muscular”, explica el doctor Gregory Berns, autor principal del estudio y director del Centro de Neuropolítica de la Universidad Emory en Atlanta.

La lectura energiza el cerebro

De acuerdo, podrías decir, no es ninguna sorpresa que la zona del cerebro dedicada al lenguaje se ejercite al leer. Sin embargo, la lectura también activa la región responsable de la actividad motora: el surco central. Esto se debe a que el cerebro es un actor sumamente entusiasta. Cuando leemos sobre una actividad física, las neuronas que la controlan dicha actividad también se ponen en marcha. Puede que no estés montando a caballo mientras lees Seabiscuit, pero tu cerebro actúa como si así fuera.

No todas las lecturas son iguales

Es importante tener en cuenta que no todas las lecturas son iguales. Los hallazgos preliminares de una serie de experimentos realizados en la Universidad de Stanford indican que la lectura literaria atenta, en particular, ejercita el cerebro. Las resonancias magnéticas de personas que se encontraban inmersas en una novela de Jane Austen mostraron un aumento del flujo sanguíneo a las áreas del cerebro que controlan tanto la función cognitiva como la ejecutiva. Esto se compara con los efectos muy limitados observados en participantes que hojearon casualmente un párrafo en una librería.

Leer con dislexia

Si usted (o alguien que conoce) tiene dificultades para leer o incluso padece dislexia, aun así, puede aprovechar los beneficios de la lectura. En un estudio previo publicado en la revista Neuron, los investigadores descubrieron que 100 horas de clases de lectura correctiva mejoraron la calidad de la materia blanca cerebral en niños de entre 8 y 10 años, con un nivel de lectura inferior a la media. La materia blanca se refiere al tejido que transporta señales entre áreas de materia gris. Es ahí donde tiene lugar el procesamiento de la información. La conclusión de los investigadores fue que los cerebros de estos niños habían comenzado a reconectarse de maneras que podrían beneficiar a todo el cerebro, y no solo a la corteza temporal, que es área centrada en la lectura.

Los efectos de la lectura en pantalla

La capacidad de leer con detenimiento es valiosa. En su nuevo libro, Reader, Come Home, Wolf señala que incluso ella —alguien que se dedica profesionalmente a la lectura—, ha notado cómo su capacidad para concentrarse en la palabra escrita se debilita a medida que leemos más en la pantalla. “Desafortunadamente, esta forma de lectura rara vez es continua, sostenida o concentrada”, escribe. Esto genera un círculo vicioso. Sin el ejercicio sostenido de nuestros “músculos lectores”, el cerebro pierde la capacidad de controlar los complejos procesos que nos permiten leer en profundidad.

Por supuesto, existe una solución sencilla: apaga el teléfono y la computadora, reserva una o dos horas y dedícate simplemente a leer.

Fuente: un artículo de Marc Peyser publicado en el portal www.thehealthy.com

 

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