
Cada mes de octubre se repite el mismo debate social: ¿es Halloween una festividad consumista que rinde culto a lo macabro o una cita festiva con la que poder celebrar, disfrutar y reunirse?
Al margen del origen celta de la fiesta o del consumismo comercial que la rodea, existe un aspecto poco valorado en esta festividad: el valor del miedo como hito evolutivo.
El miedo es una emoción más dentro del amplio abanico emocional del ser humano. Cuando se da tiene como objetivo hacer a la persona reaccionar y tomar decisiones para su supervivencia. En este contexto festivo, esta experiencia controlada, prepara al cerebro ante situaciones futuras imprevistas, generando una base funcional y de gran utilidad.
Del susto al aprendizaje: por qué el miedo seguro puede ser beneficioso
El miedo es una emoción primaria de carácter adaptativo. Sin él, la especie humana no habría sobrevivido. La amígdala —esa pequeña estructura en forma de almendra situada en el sistema límbico— actúa como la alarma de incendios del cerebro: ante un estímulo amenazante, desencadena de forma inmediata una descarga de adrenalina y cortisol que prepara al cuerpo para la huida o la lucha.
Durante la celebración de Halloween los niños y las niñas experimentan una simulación controlada de lo que en neurociencia se denomina miedo recreativo o miedo seguro. Es cierto que el niño se asusta y puede experimentar miedo al ver a alguien disfrazado de monstruo o fantasma, pero a su vez, observa como sus referentes se encuentran calmados, disfrutan e incluso ríen, y esto le lleva a procesar que se trata de ficción o un juego. Todo ello forma parte de un proceso madurativo y también de la personalidad de cada uno.
Esta experiencia planificada, permite al niño experimentar el miedo y la adrenalina recorriendo su cuerpo en un contexto en el que no existe una amenaza real, por lo que, aunque el sentimiento sí lo es, la consecuencia final no será la de un ataque o una agresión. En definitiva, se trata de un entrenamiento para que el cerebro aprenda a regular la respuesta al estrés.
Muchos niños vencen a su miedo situándose en el papel contrario, es decir, siendo ellos el agente activo (el monstruo, el fantasma o la bruja), y ejerciendo un rol que le hace olvidar quién es y situarse tras una máscara que le permite ser otro personaje diferente a sí mismo.
Cuándo deja de ser un juego: la importancia de respetar los límites del niño
Ante todo, hay que tener en cuenta la voluntad del niño. Este debe ser siempre quien escoja si quiere o no participar de esta festividad y qué rol quiere desempeñar. La diferencia entre un estrés beneficioso (eustrés) y un estrés perjudicial (distrés) está en la percepción de control.
El hiperrealismo de las caracterizaciones modernas y el uso de materiales escabrosos o excesivamente explícitos, pueden sobrepasar la capacidad de procesamiento de la corteza prefrontal en los más pequeños. Si la amígdala se activa sin que el niño disponga de las herramientas cognitivas para interpretar que se trata de una simulación o un juego, el miedo se convierte en una vivencia impactante e incluso traumática.
Aprender a convivir con el miedo también es inteligencia emocional
En una sociedad que tiende a evitar las emociones consideradas como desagradables de experimentar, la vivencia del miedo en entornos seguros se vuelve un recurso pedagógico muy valioso.
Dar un adecuado ejemplo a los niños de cómo reaccionar ante situaciones de miedo, estrés, enfado o frustración, les otorga herramientas de gran utilidad para la gestión emocional a lo largo de toda su vida.
Explicarle al niño con palabras cómo hacerlo es mucho menos funcional y constructivo que ofrecerle el ejemplo real dentro del día a día. Que nos observe reír ante un susto, aceptar una broma y disfrutar con ellas o salir airosos de un momento de caos, es un gran valor que puede ser de gran utilidad para siempre.
Y, ante todo, acompañar dicha emoción cuando aparezca, sin invalidar ni negar que está ahí, dando el valor que merece, ayudando al niño a poner palabra, a expresar el sentimiento y finalizando la actividad si así lo desea. Cada uno tienen sus tiempos y necesita de un buen acompañamiento para ser capaz de llevarlos a cabo.
Halloween ofrece una oportunidad única para hablar del miedo sin dramatizarlo, es decir, para poder adquirir un lenguaje emocional más amplio sin llevar al extremo esta emoción. Aceptar que asustarse es natural, que el cuerpo reacciona ante lo desconocido y que es posible transitar esa emoción rodeado de quienes más queremos es una lección muy positiva que los niños pueden llevarse tras celebrar esta fiesta.
¿Cómo vivir un Halloween seguro?
Halloween está lleno de diversión y emoción, pero también presenta peligros únicos que pueden afectar la salud neurológica de un niño.
Uno de los riesgos más comunes durante Halloween son los tropiezos y las caídas que puede ocurrir fácilmente al salir a pedir dulces, especialmente cuando los niños corren o caminan por áreas desconocidas. Las aceras irregulares, las calles mojadas por la lluvia o las áreas poco iluminadas aumentan la probabilidad de tropezar y, si un niño se cae y se golpea la cabeza, las consecuencias pueden ser graves.
Lesiones en la cabeza como las conmociones cerebrales, pueden afectar la función cerebral y provocar síntomas como mareos, dolores de cabeza y confusión, que pueden alterar el bienestar general del niño.
Los disfraces en sí mismos pueden representar riesgos para la seguridad. Máscaras que perjudican la visión puede impedir que los niños vean los obstáculos o los vehículos con claridad, lo que aumenta las posibilidades de un accidente. Del mismo modo, los disfraces con capas largas o telas holgadas pueden provocar el peligro de tropezar, y los accesorios, como espadas o varitas, pueden provocar lesiones si un niño se cae o choca con otra persona.
Por ello, resulta fundamental que los padres tengan en cuenta tanto los aspectos estéticos como los de seguridad al elegir los disfraces de Halloween para minimizar el riesgo de accidentes que puedan dañar el cerebro o el sistema nervioso de sus hijos.
Mayor riesgo de accidentes
Halloween es una jornada ajetreada llena de distracciones, y esto contribuye a aumentar el riesgo de accidentes para los niños. La emoción y el entusiasmo por pedir dulces a menudo hacen que los niños corran de casa en casa, lo que los vuelve menos conscientes de lo que les rodea. Una baja visibilidad es otro factor importante. Como Halloween suele celebrarse por la tarde-noche, las calles y barrios oscuros crean peligros adicionales. La iluminación deficiente, combinada con máscaras o disfraces que reducen la visibilidad, dificulta que los niños circulen de manera segura.
Esta combinación de emoción y poca visibilidad, junto con el entorno caótico y bullicioso de la fecha, hace que los niños sean más propensos a sufrir accidentes.
Impactos neurológicos frecuentes
Estos accidentes pueden ir desde conmociones cerebrales leves hasta lesiones cerebrales traumáticas (TBI) más graves. Un niño que sufre una lesión en la cabeza durante Halloween puede experimentar síntomas que afectan su función cognitiva, su memoria, su coordinación e incluso su comportamiento. Si bien la mayoría de las lesiones son leves, es fundamental tomar medidas para prevenir estos accidentes antes de que ocurran, ya que cualquier golpe en la cabeza puede tener consecuencias a largo plazo en la salud neurológica de los más pequeños.
Cómo elegir disfraces de Halloween seguros
Si su hijo se disfraza de un personaje que normalmente lleva un casco, como un superhéroe, un piloto de carreras o un ciclista, aproveche esta oportunidad para incluir un casco de protección como parte del disfraz. Los cascos son una forma excelente de proporcionar protección adicional en caso de caída o colisión. Si el casco no forma parte del disfraz, puedes considerar la posibilidad de añadir un buen casco protector que complemente el atuendo y, al mismo tiempo, proteja la cabeza de tu hijo.
Garantice que el casco sea a la medida y se ajuste perfectamente para que este ofrezca una óptima protección. Compruebe que el casco cubra la frente y no se deslice hacia atrás ni hacia adelante. Las correas deben ajustarse para mantener el casco en su sitio y sin que quede demasiado apretado.
Máscaras y accesorios aptos para la visión
Muchos disfraces de Halloween incluyen máscaras, pero estas pueden crear problemas de visibilidad que aumentan el riesgo de accidentes. Las mascarillas que ocultan la visión periférica del niño o crean puntos ciegos pueden dificultarle ver los obstáculos que se interponen en su camino, como bordillos, escalones u otras formas de pedir dulces. La visión limitada también puede hacer que cruzar la calle sea más peligroso.
Para evitar estos problemas, es mejor evitar por completo las máscaras o elegir unas que permitan una visibilidad total. En su lugar, considera usar pintura facial o maquillaje, que puede ser igual de creativo y divertido y, al mismo tiempo, permita que su hijo mantenga una línea de visión clara. La pintura facial se puede usar para crear una variedad de personajes, desde animales hasta superhéroes, sin comprometer la visión del niño.
Además, al seleccionar accesorios como sombreros, coronas o cascos, asegúrese de que estos no bloqueen la vista. Accesorios que optimicen la visión ayudarán a mantener a su hijo seguro y, al mismo tiempo, capturarán el espíritu de Halloween.
Calzado cómodo y seguro
El calzado es un aspecto que a menudo se pasa por alto en los disfraces de Halloween, pero zapatos cómodos y de apoyo son fundamentales para prevenir las caídas y garantizar que su hijo pueda movilizarse de forma segura. Aunque salir en busca de golosinas por el vecindario, la urbanización o un centro comercial implique caminar mucho, a menudo toca ir por sobre superficies irregulares o mal iluminadas, por lo que es fundamental que los zapatos brinden un buen soporte y agarre.
Evite en lo posible plataformas o zapatos de gran tamaño: si bien algunos disfraces pueden incluir calzado que forma parte del tema, tales como tacones de princesa o zapatos de payaso, estos pueden aumentar el riesgo de caer o tropezar. Prefiera el uso de zapatos planos que les queden bien, como zapatillas de deporte, capaces de ofrecer estabilidad y que no impiden el movimiento.
Considere optar por calzado antideslizante para los niños: los zapatos con suelas insoladas pueden proporcionarles una tracción adicional en superficies resbaladizas o irregulares, lo que reduce aún más el riesgo de caídas. Esto es especialmente importante si su hijo camina sobre césped húmedo o aceras cubiertas de hojas.
Garantizar la visibilidad y el conocimiento
Una de las maneras más sencillas y eficaces de aumentar la visibilidad de su hijo es añadiendo cinta reflectante u otros materiales similares para su disfraz o bolsa de caramelos. El equipo reflectante capta la luz de los automóviles, las farolas y las linternas que pasan, lo que facilita que los conductores y otras personas vean a su hijo en la oscuridad.
Puede colocar fácilmente tiras de cinta reflectante en varias partes del disfraz de su hijo, como los brazos, las piernas y la espalda, así como en su bolsa de caramelos. Esto mejora la visibilidad desde múltiples ángulos.
Linternas y barras luminosas
Llevar un linterna o barras luminosas puede mejorar significativamente tanto la visibilidad de su hijo como su capacidad para ver los obstáculos en su camino. Las linternas ayudan a iluminar el suelo que tienen delante, lo que reduce el riesgo de tropezar con superficies irregulares u objetos invisibles.
Las barras luminosas tienen también un propósito práctico. Los niños pueden usarlas como collares, pulseras o colgarlas en sus bolsos. Vienen en varios colores, lo que las convierte en un complemento divertido para cualquier disfraz y, al mismo tiempo, mejora la seguridad.
Al elegir barras luminosas o productos que brillan en la oscuridad, asegúrese de que no sea tóxico para evitar una exposición perjudicial, especialmente si es probable que su hijo los manipule con frecuencia. Las luces LED y los aparatos luminosos que funcionan con baterías también pueden ser excelentes alternativas, ya que proporcionan una luz duradera sin los riesgos asociados con los productos luminosos tradicionales.
Alojarse en áreas bien iluminadas
Planificar “la ruta del truco o trato” es tan importante como el disfraz. Es fundamental elegir sectores familiares y bien iluminados donde usted y su hijo puedan caminar con seguridad. Las áreas con buena luz facilitan la detección de aceras irregulares, escalones u otros posibles peligros que podrían provocar una caída.
Evite los atajos, anime a su hijo a que se quede en las calles principales y evite los callejones oscuros o senderos sin iluminación, que no solo aumentan el riesgo de tropiezos y caídas, sino que también pueden plantear problemas de seguridad. Permanecer en áreas iluminadas ayuda a garantizar que tanto usted como otras personas puedan ver a su hijo.
Supervisión de adultos y prácticas seguras para salir a pedir dulces
Para niños pequeños, la supervisión de un adulto es esencial durante el Halloween. Acompañar a los niños garantiza que se mantengan seguros mientras transitan por los vecindarios, especialmente en áreas desconocidas. Los padres o tutores pueden ayudar a los niños a tomar decisiones inteligentes, como usar los cruces peatonales correctamente, evitar las áreas peligrosas y mantenerse dentro de las rutas designadas.
Para niños mayores o quienes puedan ser más independientes es importante establecer límites claros sobre dónde pueden ir, cuándo regresar a sus hogares y qué áreas deben evitar. Establecer horarios de registro por teléfono o reunirse en lugares específicos ayuda a los padres a mantenerse al tanto del paradero de sus hijos. Alentar a los niños y jóvenes a permanecer en grupos con amigos mejora aún más la seguridad, ya que la unión hace la fuerza.
Seguridad vial
Uno de los peligros más comunes durante Halloween es la seguridad vial. Dado que muchos niños salen a pasear o pedir dulces, los conductores pueden distraerse con las festividades; por ello es crucial tener cuidado al cruzar la calle. Recuerde a los niños las prácticas seguras para cruzar:
Usar los cruces peatonales. Cruzar siempre en los cruces peatonales o intersecciones designados, nunca en medio de la calle.
Evitar lanzarse entre autos estacionados. Esto puede dificultar que los conductores vean a los niños, lo que aumenta el riesgo de accidentes.
Además, caminar distraído plantea riesgos importantes. Los niños pueden sentirse tentados a mirar sus teléfonos o enviar mensajes de texto a sus amigos mientras caminan, pero esto aumenta la probabilidad de tropezar o de meterse en el tráfico sin mirar. Anime a los niños a que guarden sus teléfonos en los bolsillos mientras caminan y a que se concentren en lo que les rodea para mantenerse seguros.
Limitar la sobrecarga sensorial
Halloween puede resultar abrumador para algunos niños, especialmente para aquellos con sensibilidades neurológicas como el autismo o el TDAH. Entornos abarrotados, ruidos fuertes, y luces parpadeantes, así como las decoraciones o los disfraces pueden sobreestimular a los niños y provocar angustia o incluso una crisis nerviosa.
Para gestionar esto, considere crear pausas durante las caminatas. Busque áreas más tranquilas alejadas de las calles más transitadas o descanse brevemente para que su hijo tenga tiempo de procesar la estimulación.
Para los niños que pueden ser particularmente sensibles, considere pedir dulces temprano cuando el ritmo es menos complicado, y no por la noche, o busque eventos especiales diseñados para niños con sensibilidades sensoriales.
Al reconocer y gestionar la posible sobrecarga sensorial, usted puede asegurarse de que Halloween siga siendo divertido y seguro para todos los niños, independientemente de sus necesidades únicas.
Fuente: un artículo publicado en el portal www.brainhealthdc.com
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