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22 julio, 2026
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Una neurofisióloga revela los seis hábitos que ralentizan el envejecimiento cerebral y mejoran su longevidad

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“Proteger la mente a tiempo es clave, ya que el futuro también se entrena”. Con esta afirmación abrimos la increíble charla que hemos tenido con la doctora Estela Lladó-Carbó, médico, neurofisióloga, doctora en Neurociencias, experta en Neurolongevidad, cofundadora y directora científica de Monarka Clinic, una clínica especializada en neurolongevidad. Y es que, para Lladó, la salud cerebral define la salud global de las personas.

La doctora Estela Lladó-Carbó ha dedicado su carrera a comprender el cerebro y anticiparse a su deterioro. De hecho, actualmente desarrolla protocolos personalizados para ralentizar el envejecimiento cerebral que incluyen neurociencia avanzada, neuromodulación y hábitos de vida saludables para preservar la salud y optimizar la vitalidad cerebral.

Neurofisiología, la ciencia que estudia el sistema nervioso

Como nos explica Lladó-Carbó, “la neurofisiología, dicho simple, es la ciencia que estudia cómo ‘se enciende y se comunica” nuestro sistema nervioso: cerebro, médula y nervios”. “Analiza las corrientes eléctricas que generan las neuronas, los mensajeros químicos que usan para hablar entre ellas y cómo de esa red surge todo: desde mover una mano hasta recordar una contraseña o conciliar el sueño”, matiza.

En el ámbito clínico, como continúa esta experta, “la neurofisiología se traduce en pruebas como el electroencefalograma (EEG) o el electromiograma (EMG), que registran la actividad eléctrica del cerebro y de los músculos para detectar epilepsia, neuropatías, trastornos del sueño u otras alteraciones”. “Es, en esencia, el ‘electro’ del sistema nervioso: permite ver cómo funciona por dentro sin abrirlo, ayudando a prevenir, diagnosticar y ajustar tratamientos de muchas patologías neurológicas”, añade.

Además, como nos cuenta Lladó-Carbó, “la neurofisiología está detrás de la monitorización intraoperatoria: durante ciertas cirugías, se vigila en tiempo real la actividad eléctrica del cerebro, médula y nervios para avisar al equipo quirúrgico si algo pone en riesgo la función neurológica”. “Es como tener una ‘alarma de seguridad’ conectada al sistema nervioso mientras el cirujano trabaja, para minimizar secuelas y proteger funciones tan delicadas como el movimiento, la sensibilidad o el habla”, añade.

Neuromodulación: ¿podemos reprogramar nuestro cerebro?

Como nos explica la cofundadora de Monarka Clinic, “la neuromodulación es un conjunto de técnicas que regulan de forma dirigida la actividad del sistema nervioso, usando estímulos como corrientes eléctricas o campos magnéticos para aumentar o disminuir la excitabilidad de ciertas neuronas o circuitos”. “Dicho más cercano: es como ajustar el ‘volumen’ y la ‘sensibilidad’ de determinadas redes del cerebro, médula o nervios para que dejen de sobrerreaccionar (por ejemplo, en dolor crónico, ansiedad, fibromialgia, tinnitus) o para activar zonas que están funcionando por debajo de lo deseable”, matiza.

Pero, como aclara esta experta, la neuromodulación “no borra tu personalidad ni tus recuerdos, pero sí aprovecha la neuroplasticidad para favorecer que el sistema nervioso adopte patrones más sanos de funcionamiento cuando se combina con buenos hábitos de alimentación, ejercicio y sueño, desde una visión 360º”.

Sobre si “de verdad podemos reprogramar nuestro cerebro”, la respuesta de la doctora Lladó-Carbó es “sí, pero con matices”. Como explica, “el cerebro vive de la neuroplasticidad, es decir, de su capacidad real de cambiar sus conexiones y su funcionamiento en respuesta a estímulos, hábitos, terapia, aprendizaje o técnicas de neuromodulación”.

Como subraya esta experta, “eso no es un ‘borrón y cuenta nueva mágico’, pero sí implica que, repitiendo nuevas experiencias (hábitos, terapia, entrenamiento cognitivo, meditación, ejercicio, sueño adecuado, etcétera) y/o usando herramientas como neuromodulación, podemos ir reforzando circuitos nuevos y debilitando patrones antiguos (de dolor, ansiedad, creencias limitantes, conductas adictivas…)”.

“Una forma simple de verlo: no cambiamos el cerebro como quien cambia un chip, pero sí podemos ir ‘reformando la instalación eléctrica’ a base de estímulos repetidos y dirigidos, hasta que la nueva forma de funcionar se vuelve el modo automático”, explica Lladó-Carbó.

Esta experta nos propone imaginar que nuestro sistema nervioso se ha quedado enganchado en “modo alarma”: dolor que no se va, migrañas que vuelven cada semana, ansiedad que se dispara con cualquier cosa. “La neuromodulación aplica estímulos muy medidos sobre nervios o zonas del cerebro para reajustar esa señal, como si afináramos un instrumento que lleva años desafinado”, anota.

Reprogramación cerebral: ¿la clave para aliviar el dolor?

¿Reprogramar el cerebro puede ser una clave para paliar el dolor? ¿Podemos dejar de sentir dolor controlando o desactivando áreas de nuestro cerebro? Como nos confirma la doctora Lladó-Carbó, “podemos reprogramar parcialmente el cerebro porque es plástico: las conexiones que sostienen el dolor crónico, la hipervigilancia o el miedo se pueden debilitar, y otras más reguladoras se pueden reforzar con neuromodulación, psicoterapia, movimiento, sueño y cambios de hábitos”.

“En algunos casos (por ejemplo, ciertos dolores neuropáticos o cefaleas), técnicas como la neuromodulación pueden reducir mucho el dolor, hacerlo más esporádico o convertirlo en una sensación mucho más tolerable; en otros, el objetivo realista es bajar la intensidad y el impacto en la vida, no ‘apagarlos’ al 100%”, dice la experta. “En otros casos, el éxito se relaciona con la disminución del uso de los fármacos que, como bien sabemos, van acompañados de efectos secundarios no siempre deseados”, añade.

Como explica la cofundadora de Monarka Clinic, “más que ‘desactivar’ áreas del cerebro, lo que hacemos es cambiar el equilibrio entre circuitos que amplifican el dolor y circuitos que lo frenan o reinterpretan: menos modo alarma, más modo regulación”. “Por eso hablamos de reprogramar patrones, no de borrar el dolor de un plumazo; el éxito llega cuando el sistema nervioso deja de vivir cualquier estímulo como una amenaza constante y la persona recupera movimiento, descanso y vida diaria con mucha menos carga de dolor”, añade.

Por qué el cerebro determina nuestra salud general

Dice usted que la salud de nuestro cerebro determina nuestra salud general… ¿Cuánto perjudica nuestro estilo de vida actual a nuestro cerebro? “Diría que más que ‘una parte’ de la salud, el cerebro es el director de orquesta de todo lo demás: coordina hormonas, sueño, apetito, cómo respondemos al estrés, cuán inflamados estamos y hasta cómo elegimos lo que comemos o si nos movemos o no. Cuando el cerebro funciona bien, es mucho más fácil que la presión arterial, el metabolismo, el sistema inmune y el estado de ánimo estén también en un rango saludable”, aclara la experta.

Pero, como nos confirma, “nuestro estilo de vida actual, sinceramente, no se lo pone nada fácil: dormimos poco y mal, vivimos con estrés crónico que ‘normalizamos’, nos enganchamos a las pantallas hasta tarde, hacemos poco ejercicio de forma regular y personalizada, abusamos de la comida ultraprocesada y cada vez más caemos en la desconexión social”. “Todo eso es el cóctel perfecto para un cerebro más inflamado, más irritable y menos resiliente: aumenta el riesgo de ansiedad, depresión, deterioro cognitivo, migrañas, insomnio… y a la vez dispara el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas”, dice Lladó-Carbó. Aquí tienes los beneficios de pasarte a una dieta antiinflamatoria y cómo hacerlo.

La buena noticia, como nos comparte la experta, “es que los mismos pilares de siempre —dormir mejor, movernos a diario, comer real, gestionar el estrés y mantener vínculos— son también hoy la mejor tecnología disponible para proteger nuestro cerebro”. Lladó-Carbó nos hace una pregunta curiosa: “Os acordáis qué pedía tener el Espantapájaros de la película El Mago de Oz? El espantapájaros quería que el Mago de Oz le diera un cerebro para poder pensar y para poder sentir”. “Debemos aprender a cuidarlo”, subraya.

Esto es lo que hace envejecer a tu cerebro

¿Qué es lo que más hace envejecer a nuestro cerebro? ¿Cuánto influyen la genética y cuánto nuestros hábitos de vida? “Diría que lo que más hace envejecer a nuestro cerebro no es solo el paso del tiempo, sino vivir muchos años en ‘modo fuego lento’: inflamación crónica de bajo grado, la normalización del estrés sostenido, falta de sueño reparador, sedentarismo, tabaco, alcohol en exceso, una alimentación muy pobre en nutrientes reales, escasa conexión emocional y, lo peor de todo esto, es normalizarlo”, responde Lladó-Carbó.

Según esta experta, “hasta que no tomamos conciencia, todo eso va dañando poco a poco los vasos sanguíneos, las conexiones entre neuronas y la capacidad del cerebro para repararse, y aumenta el riesgo de demencia, depresión, ansiedad y deterioro cognitivo precoz”. ¿Sabes cómo reconocer los primeros síntomas de una depresión?

“La genética importa, por supuesto: hay personas que nacen con más papeletas para tener Alzheimer u otros problemas neurológicos. Pero los estudios apuntan a que nuestros hábitos pesan, como mínimo, tanto o más que los genes: un estilo de vida saludable puede reducir de forma clara el riesgo de demencia incluso en quienes tienen una carga genética alta, mientras que un estilo de vida muy descuidado puede ‘activar’ antes lo que estaba escrito en el ADN”, resalta la experta.

Lladó-Carbó nos pone un ejemplo muy gráfico: “Piensa en tus genes como una serie de Netflix y en la epigenética como tu mando a distancia. La serie (genética) viene ya grabada y no la puedes cambiar, pero tú decides qué capítulos pones, si vas a cámara rápida, si paras o si ni siquiera la empiezas (epigenética: estilo de vida, estrés, dieta, sueño…)”. Como continúa esta experta, “puedes tener una serie de ‘predisposición a diabetes’ en tu catálogo, pero si comes bien, haces ejercicio y gestionas el estrés, es como si casi nunca le dieras al play; en cambio, con ultraprocesados, sedentarismo y mal sueño esa serie se reproduce en bucle y el riesgo se dispara”.

Las seis claves para ralentizar el envejecimiento cerebral

Llega el momento de hacer la gran pregunta, cuya respuesta ya hemos ido intuyendo a lo largo de la conversación: ¿Cuáles son las claves o hábito para ralentizar el envejecimiento cerebral? ¿Están el ejercicio y una buena alimentación entre ellos? Como responde Lladó-Carbó, “cuidar el cerebro es como cuidar un jardín: no basta con regar una vez de vez en cuando; necesitas sol, agua, buena tierra, podar, proteger de plagas… y hacerlo día tras día para que florezca”. “Y sí: el ejercicio y la alimentación son dos pilares centrales, pero no son los únicos”, aclara.

Como explica la cofundadora de Monarka Clinic, “MAP es tu receta de longevidad: cuando Movimiento, Alimento y Pensamiento se alinean, tus genes encuentran el mejor escenario posible para que tu cerebro y tu cuerpo vivan mejor más tiempo”. Nos lo explica de forma sencilla.

  1. Mover el cuerpo a diario. “El cerebro necesita que el corazón bombee: el ejercicio regular mejora el riego cerebral, favorece nuevas conexiones entre neuronas y reduce el riesgo de deterioro cognitivo. No hablamos de maratones, sino de sumar pasos, fuerza moderada y algo que te guste lo suficiente como para sostenerlo en el tiempo”, dice Lladó-Carbó. Descubre por qué bailar cuida tanto el cerebro.
  2. Comer para el cerebro. “Una pauta tipo dieta mediterránea rica en verduras, fruta, aceite de oliva, pescado, legumbres y frutos secos se asocia a menos riesgo de demencia y a un envejecimiento cerebral más lento. Al cerebro le sientan mal los ultraprocesados, los azúcares rápidos y los picos de glucosa continuos, porque favorecen inflamación y dañan los vasos sanguíneos que lo alimentan”, explica la experta. Es importante seguir una dieta llena de antioxidantes que ayudan a mejorar la longevidad.
  3. Dormir como parte del tratamiento. “Mientras dormimos, el cerebro ‘limpia’ residuos, consolida recuerdos y reajusta sus circuitos; cuando cronificamos el mal sueño, aceleramos el desgaste. En consulta lo tratamos como un pilar terapéutico, no como un lujo opcional”, nos comparte.
  4. Bajar el ruido del estrés. “El estrés puntual es humano, e inclusive, necesario; el estrés crónico sin frenos es neurotóxico. Rutinas de respiración, meditación, terapia, límites en agenda y ocio real (no solo pantalla) son herramientas muy concretas para que el sistema nervioso salga del “modo alarma” y pueda repararse”, subraya.
  5. El poder de los sentidos. “Los sentidos son una puerta de entrada de estímulos al cerebro y, cuando los cuidamos (especialmente audición y vista), ayudamos de forma directa a prevenir o retrasar el deterioro cognitivo. Estudios a largo plazo muestran que la pérdida de visión o audición no tratada se asocia a más probabilidad de deterioro cognitivo y demencia, y que la combinación de ambas multiplica el riesgo.
  6. Seguir aprendiendo y vincularse. “El cerebro se mantiene joven cuando tiene retos y vínculos: aprender cosas nuevas, leer, conversar, jugar, cultivar pasatiempos y cuidar las relaciones protege frente al deterioro cognitivo. Aquí hablamos de Neurobics o gimnasia cerebral. El aislamiento social y la apatía, en cambio, aceleran el envejecimiento cerebral tanto como algunos factores médicos”.

Respecto al punto cinco, como explica Lladó-Carbo, “la pérdida auditiva o hipoacusia es el primer factor de riesgo modificable de deterioro cognitivo por encima de la hipertensión arterial o el tabaquismo”. Según esta experta, “tener una hipoacusia leve se asocia a un riesgo duplicado de padecer un deterioro cognitivo; una hipoacusia moderada se asocia a un riesgo triplicado de deterioro cognitivo y una hipoacusia severa multiplica por cinco el riesgo de deterioro cognitivo”. “Cuando el cerebro tiende a ‘adivinar’ aquello que escucha o ve se produce una sobrecarga cognitiva, el cerebro se fatiga antes, alguna parte del cerebro funcionan más lentamente y se interactúa menos con el entorno”, añade.

Por eso, según esta experta, “es fundamental el cribaje auditivo y visual a edades más tempranas de nuestra vida para poder indicar el uso de audífonos, implantes y/o rehabilitación auditiva y corregir la vista (gafas, cirugía de cataratas), si fuera preciso”.

“En la metodología Monarka y en mi práctica como médico, el enfoque siempre es integrativo: no buscamos la pastilla perfecta, sino alinear estos hábitos con la biología de cada persona, sus analíticas y su momento vital para que su cerebro pueda envejecer más despacio y, sobre todo, seguir siendo funcional y despierto muchos años”, nos cuenta la doctora Lladó-Carbó. “Al final lo que todos queremos es seguir estando conectados”, añade.

Meditación, una herramienta simple y potente para el cerebro

¿Qué opina de la meditación como práctica para mantener la salud cerebral? “Creo que la meditación es una de las herramientas más simples y potentes que tenemos hoy para cuidar el cerebro, y además está al alcance de casi todo el mundo”, confirma la cofundadora de Monarka Clinic. “Bien practicada, ayuda a bajar el nivel de estrés de base, mejora la regulación emocional, la concentración y la calidad del sueño, y eso se refleja en menos inflamación y más resiliencia del sistema nervioso a largo plazo”.

Como aclara Lladó-Carbó, la meditación “no es solo ‘sentarse a respirar’: es entrenar la mente para no vivir cada pensamiento o cada notificación como una amenaza inmediata, y eso cambia mucho cómo llegamos al final del día”. “Desde el punto de vista más científico, existen bastantes estudios que muestran que la meditación regular induce cambios medibles en el cerebro: aumenta la conectividad entre zonas que regulan la atención y las emociones, reduce la reactividad de la amígdala (nuestro centro de alarma) y, en practicantes constantes, incluso se han descrito cambios en la materia gris en áreas implicadas en memoria, autoconciencia y empatía”, añade.

“En ese sentido, podemos considerarla perfectamente una forma de neuromodulación conductual: en lugar de aplicar un impulso eléctrico o magnético desde fuera, ofrecemos al cerebro un estímulo repetido, estructurado y voluntario que, con el tiempo, reajusta sus circuitos y su forma de responder”, señala la experta.

“Si lo queremos decir muy claro: la meditación no ‘desconecta’ el cerebro, lo entrena. Y ese entrenamiento, cuando se sostiene en el tiempo, modula la actividad y las conexiones de las redes cerebrales del estrés, la atención y el dolor, igual que otros métodos de neuromodulación, pero usando como herramienta tu propia respiración y tu foco mental”, comenta Lladó-Carbó.

“El cerebro es un órgano que late y se reinventa”

Usted ha sido testigo de muchas cirugías de alta complejidad… ¿Qué le sigue sorprendiendo o emocionando del cerebro humano? “Lo que nunca deja de emocionarme es comprobar que el cerebro no es un sistema vivo estático, sino un órgano que late y se reinventa. Es un tejido vivo sensible, que responde a todo lo que hacemos con él y por él”, nos cuenta Lladó-Carbó. “Ver que cuando se sigue un protocolo y somos constantes —cuidar el sueño, la inflamación, la microbiota, las hormonas, los hábitos, la neuromodulación—, ese cerebro es capaz de crear nuevas conexiones y recuperar funciones que parecían perdidas. Es realmente asombroso”, añade.

“Saber que ahí dentro hay tanta vida, tanto contenido y tantas versiones posibles de una misma persona esperando a ser estrenadas si le damos las condiciones adecuadas, sigue siendo para mí lo más revelador. Esto hace que cada día tenga ganas de seguir aprendiendo para cuidarlo”, nos cuenta Lladó-Carbó. Como dice esta experta, lo sintetiza de maravilla la celébre frase de Santiago Ramón y Cajal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. “Y todos los científicos trabajamos precisamente para que cada persona tenga las herramientas para esculpir su propio cerebro y estrenar nuevas versiones de sí mismo”, concluye.

Fuente: un artículo de Amalia Panea publicado en el portal www.elle.com

 

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