
Vienen en alegres botellas con nombres que suenan a promesas: Daily Brain Boost, Brain Drive, Brain guard+. Y los estadounidenses, a su vez, gastan miles de millones de dólares cada año persiguiendo la idea de una mente más aguda.
Esta es la lógica del momento: que el yo es algo que hay que afinar y mejorar, y que sus límites son negociables mediante un régimen adecuado de dietas, ejercicios, inyecciones, pastillas, polvos y gomitas. La salud cognitiva, que alguna vez fue dominio del envejecimiento y la enfermedad, se ha convertido en otra frontera para la optimización.
“¿Es todo esto real o es pura exageración de marketing? Creo que es una combinación”, dijo Gary Small, profesor emérito de psiquiatría y exdirector del Centro de Longevidad de UCLA, ahora en Hackensack Meridian Health. “La ciencia está cambiando tan rápido que es difícil incluso para los expertos entenderla”.
Aproximadamente uno de cada cinco adultos mayores de 50 años usa vitaminas o suplementos específicamente para tratar de mejorar funciones cerebrales como la memoria, la atención o la concentración, según una encuesta de la Asociación Estadounidense de Personas Jubiladas (AARP) realizada en 2021, y que corresponde a la actualización más reciente. El mercado mundial de suplementos nutricionales se estimó en 517.100 millones de dólares en 2025, y se prevé que sea de 862.500 millones de dólares en 2033, según Grand View Research.
Los suplementos ocupan un rincón claramente permisivo de la medicina estadounidense, uno en el que los productos pueden venderse sin el tipo de ensayos grandes, rigurosos y doble ciego que exigen las autoridades federales para los productos farmacéuticos, que a menudo involucran a miles de personas. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) proporciona una supervisión limitada de los suplementos dietéticos solo después de que están en los estantes de las tiendas, dejando en gran medida a los fabricantes garantizar que sus productos sean seguros y estén etiquetados con precisión.
Muchos productos para la salud del cerebro se basan en cómo el cerebro cambia durante la enfermedad: estrés que puede provocar daño celular, inflamación relacionada con el deterioro cognitivo, acumulación de amiloide relacionada con el Alzheimer.
Pero mostrar un efecto en esas vías en un laboratorio que involucra una placa de Petri o en animales (o incluso en pacientes con enfermedades) no se traduce claramente en una mejora en la memoria o la concentración de personas que de otra manera estarían sanas. La industria a menudo desdibuja esa línea, comercializando la ciencia relacionada con las enfermedades como una mejora cotidiana, explica Pieter Cohen, profesor asociado de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard.
Cohen dice que las palabras “salud cerebral” básicamente significan que “usas tu imaginación y los beneficios pueden ser los que quieras, en tanto no existe ningún proceso mediante el cual se examinen estas afirmaciones, por lo que el consumidor no puede confiar en nada de lo que dicen las empresas o la etiqueta misma”.
Jason Wachob, fundador y codirector ejecutivo de Mindbodygreen, que vende Brain guard+, dijo que el escepticismo sobre la categoría de suplementos es justo: “El mercado es ruidoso y no todos los productos son iguales”.
Afirma que su empresa se basa en ingredientes patentados, dosis clínicas y pruebas rigurosas de pureza y potencia en laboratorios certificados por la Organización Internacional de Normalización (ISO); la empresa enumera estudios relevantes que respaldan las afirmaciones en el sitio del producto.
“Nuestro desarrollo de productos comienza y termina con la ciencia”, sostiene Wachob.
La directora médica de Midi Health, Kathleen Jordan, expuso que la compañía “selecciona los suplementos con mucho cuidado y que únicamente opta por respaldar aquellos que creen cuentan con el mayor respaldo científico, y los que nosotros mismos usamos con frecuencia”. De otro lado, Momentous, fabricante de Brain Drive, declinó hacer comentarios.
A medida que más interés y dinero fluyen hacia el espacio, comienzan a tomar forma investigaciones humanas más serias. Sin embargo, los hallazgos siguen siendo modestos y desiguales.
Existe cierta preocupación de que el efecto placebo pueda estar haciendo más trabajo en algunos casos que las píldoras, los polvos o las gomitas. Algunas investigaciones sobre medicamentos que mejoran la cognición conocidos como nootrópicos y suplementos cerebrales de venta libre sugieren que las mejoras percibidas a menudo siguen de cerca las expectativas en lugar de los cambios mensurables. En otras palabras, el beneficio puede provenir de la creencia, la rutina o un mayor autocontrol en lugar de la lista de ingredientes.
Incluso algunos resultados de investigación prometedores no han dado resultado. En 1997, un estudio publicado en el New England Journal of Medicine sugirió que dosis altas de vitamina E (2.000 unidades) retrasaban el deterioro funcional en pacientes con enfermedad de Alzheimer moderadamente grave. Los hallazgos fueron lo suficientemente convincentes como para que muchos médicos comenzaran a recomendar esta dosis, pero el entusiasmo disminuyó después de que hallazgos posteriores generaron preocupaciones sobre un mayor riesgo de hemorragia.
Mónika Fekete, profesora asistente de medicina preventiva y salud pública en la Universidad Semmelweis de Budapest, dirigió una revisión del impacto de los suplementos nutricionales en la función cognitiva en la revista Nutrients. Fekete y sus colegas descubrieron que las vitaminas B, C, D y E contribuyen de manera única a la salud del cerebro, pero los estudios sobre suplementos dietéticos en general se ven limitados con frecuencia por diferencias en los métodos, tamaños de muestra pequeños y falta de objetivos claros.
“La evidencia más sólida y consistente sobre la salud del cerebro y la prevención de enfermedades crónicas no respalda el uso generalizado de suplementos dietéticos aislados”, afirmó.
Los investigadores dicen que las formas más confiables de proteger la salud del cerebro siguen siendo decididamente poco glamorosas: el ejercicio, el sueño y la conexión social.
¿Qué suplementos toma y evita un experto?
Así es como el doctor Gary Small, de 74 años, un reconocido neurobiólogo y psiquiatra estadounidense, destacado por su trabajo en el envejecimiento cerebral, la memoria y la detección temprana de la enfermedad de Alzheimer, piensa sobre los suplementos en su propia vida.
Curcumina. Hace varios años, Small se topó con estudios epidemiológicos que señalaban tasas más bajas de enfermedad de Alzheimer en partes de Asia donde las dietas son ricas en cúrcuma, la raíz de color amarillo dorado que se utiliza desde hace mucho tiempo en la cocina. Casi al mismo tiempo, la investigación de laboratorio comenzó a sugerir que la curcumina, uno de los compuestos activos de la cúrcuma, tenía propiedades antiinflamatorias y podría reducir la tau y la beta amiloide, proteínas estrechamente asociadas con la neurodegeneración. Intrigado, Small ayudó a realizar un pequeño ensayo doble ciego controlado con placebo en 40 adultos e informó mejoras en la memoria y la atención en el grupo que tomó curcumina.
El estudio nunca se amplió, pero encontró que los resultados eran lo suficientemente sugerentes como para comenzar a tomar el suplemento él mismo. Aún no está seguro de sus efectos en el cerebro, dijo, pero se siente cómodo con la posibilidad de que pueda ofrecer beneficios antiinflamatorios más amplios.
Una revisión de 2024, de estudios publicados sobre la curcumina, encontró una “mejora estadísticamente significativa en el rendimiento cognitivo”, al tiempo que advirtió sobre posibles efectos secundarios gastrointestinales. Recientemente ha habido preocupaciones sobre si también podría causar daño hepático.
Coenzima Q10. Se han realizado algunos estudios que sugieren que la coenzima Q10, un compuesto natural que ayuda a las células a producir energía y ayuda a protegerlas del daño, podría ayudar al cerebro. Pero Small la toma principalmente porque toma una estatina para el colesterol y su médico le dijo que hay evidencia de que la CoQ10 reduce el riesgo de efectos secundarios como dolores musculares y fatiga.
Multivitamina. Uno de los hallazgos más convincentes hasta la fecha sobre los suplementos proviene de los subestudios cognitivos del ensayo COSMOS dirigido por Harvard, en el que participaron más de 2.200 participantes seguidos durante aproximadamente dos o tres años. Un artículo publicado en 2024, en el American Journal of Clinical Nutrition, encontró que los adultos mayores de 60 años que tomaron un multivitamínico diario obtuvieron puntajes modestamente mejores en las pruebas de memoria episódica que aquellos que recibieron un placebo, una brecha que, según los investigadores, equivale a aproximadamente dos años de envejecimiento cognitivo.
Lo que no toma el doctor Gary Small incluye:
Vitamina D. “La vitamina D es definitivamente buena para el cuerpo, y hay algunas pruebas que sugieren que puede ayudar con la salud cognitiva”, indica. Pero Small dijo que obtiene suficiente cantidad estando al aire libre y no cree en la suplementación a menos que una persona tenga una deficiencia seria.
B12. Los niveles bajos de vitamina B12 pueden provocar “fatiga, entumecimiento, hormigueo y pérdida de memoria”, anota Small. “Pero si tus niveles son normales, creo que la evidencia de que te ayudará mucho es bastante endeble”.
Omega-3. Cuando se trata de tomar omega-3 en suplementos, Small señala: “Cuando se observan beneficios, son pequeños, inconsistentes y, a menudo, no son clínicamente significativos”. Por otro lado, los estudios observacionales han demostrado consistentemente que las personas que comen pescado regularmente tienen un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. “Los ensayos aleatorios no han confirmado un efecto causal, pero el sushi, el sashimi, el robalo, el salmón y otros pescados son algunas de mis comidas favoritas, por eso disfruto un plato de pescado dos veces por semana”, agrega.
Creatina. Varios pacientes de Small toman creatina para su salud física, y algunos ensayos controlados aleatorios la vinculan con una mejor memoria de trabajo y velocidad de procesamiento. Aunque él mismo no la toma, Small apuntó que cae en la categoría de “si alguien siente algo muy fuerte, no lo discutiré, siempre y cuando no crea que hay efectos secundarios”. Dijo que los adultos mayores, así como los atletas, pueden beneficiarse de la suplementación con creatina, aunque algunas personas pueden experimentar efectos secundarios.
Fosfatidilserina. Forma parte de las membranas de las células cerebrales y se cree que apoya la función cognitiva, la memoria y la salud de los nervios. Un estudio publicado en el Journal of Clinical Biochemistry and Nutrition en 2010, de 78 personas mayores en Japón —que se quejaban de problemas de memoria—, encontró que la fosfatidilserina derivada de la soja administrada durante seis meses mejoró la función de la memoria, especialmente el retraso en el recuerdo y la capacidad de recordar información después de un período de tiempo. Pero Small no está lo suficientemente convencido como para tomarlo él mismo, ya que se puede encontrar de forma natural en el pescado, la soja y los huevos.
Nicotinamida ribósido. Una forma de vitamina B3, este ingrediente ha recibido bastante atención recientemente como un popular suplemento antienvejecimiento. Un estudio clínico de 2025, de personas con Covid prolongado publicado en eClinicalMedicine determinó que las dosis altas se asociaban con cambios positivos en la cognición, la fatiga y el estado de ánimo. Pero la investigación aún se encuentra en las primeras etapas.
Consejos para evaluar suplementos
Pregúntale a tu médico. Lleve los frascos y botes de todo lo que esté tomando a su médico para que los evalúe, porque a menudo hay superposiciones entre diferentes marcas y formulaciones. “Es posible que esté desperdiciando dinero o en el peor de los casos, creando una situación de interacciones entre medicamentos de la que no es consciente”, advirtió Small.
Examinar las empresas. Hay dos problemas principales con los suplementos: si funcionan o pueden causar daño, y si contienen lo que se anuncia o incluyen contaminantes peligrosos. Investigue si el fabricante es una empresa de buena reputación y si existen demandas o quejas en su contra.
Sea escéptico. En lugar de dar por sentadas las afirmaciones de la etiqueta, asuma que las píldoras o los polvos no hacen nada hasta que usted haya hecho su propia investigación. “Con las redes sociales e Internet, el marketing de suplementos depende de los esteroides”, concluyó Small.
Fuente: un artículo publicado en el portal www.washingtonpost.com
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